SARAJEVO (Сарајево)

COMPLEJO CONMEMORATIVO DEL TÚNEL DE GUERRA DE D-B (TÚNEL DE LA ESPERANZA)


Este túnel se encuentra en el barrio de Butmir, a 11 kilómetros al suroeste del centro de Sarajevo por lo que, si no se cuenta con coche, la pregunta de cómo llegar al túnel de Sarajevo es inevitable. Pues bien, existen tres posibilidades: contratar un tour en la oficina de turismo de la ciudad, contratarlo directamente a través de internet (como en civitatis) o ir por libre y combinar el trayecto en transporte público de una hora de duración tomando primero el tranvía 3, en cuya última parada hay que subir después al autobús de la línea 32a, hasta descender también en su última parada, cerca de la cual, a pocos pasos, se encuentra el Museo-Memorial Túnel de la Salvación o de la Esperanza.

Para acceder al túnel, primero es necesario entrar al interior de la casa de la familia Kolar, cuya fachada presenta multitud de impactos de bala. Este edificio se levanta al sur del aeropuerto de la ciudad, entre la pista y la base de Eufor (Fuerza Operativa Rápida Europea), puesto que uno de los dos accesos al túnel está oculto en él, el otro se encuentra en un garaje en el lado de Dobrinja, al otro lado de la pista del aeródromo.

Junto a la fachada de la casa de la familia Kolar, en el suelo, podemos ver una de las llamadas Rosas de Sarajevo (y que veremos en diferentes puntos de la ciudad), que no son sino las huellas de los efectos de las explosiones de los miles de proyectiles que cayeron en Sarajevo, según la ONU un promedio de 329 al día, rellenados de resina roja, color que simboliza la sangre derramada por las miles de personas que perdieron la vida simplemente por esperar en fila para recoger agua y comida, buscar un refugio, jugar sin cuidado o por dirigirse al túnel. Por eso, el nombre de “Túnel de la Esperanza” hace referencia a que, gracias a él, miles de habitantes de la ciudad postolímpica del Sarajevo sitiado le deben la vida, además de ser la única vía por donde pasaban los productos y medicina necesarias para la supervivencia de la población sitiada.

Fue excavado durante las primeras semanas del asedio, cruzando la pista del aeródromo que estaba controlado por los Cascos Azules de la ONU, hasta desembocar al otro lado. Este estrecho viaducto fue la única conexión con el resto del país durante los más de tres años que duró el asedio, concretamente desde el 2 de mayo de 1992 al 29 de febrero de 1996, tras la declaración de independencia de Bosnia y Herzegovina del resto de la extinta Yugoslavia. Se trata del asedio de más duración de época moderna.

Sarajevo fue durante aquel hostigamiento rodeado por las tropas del Ejército Yugoslavo y el del Ejército de la República de Serbia (actual República de Srpska), provocando más de once mil quinientos muertos y cincuenta mil heridos. Tras este pequeño apunte histórico nos disponemos a entrar al interior del museo: después de pasar la taquilla, encontramos a nuestra derecha un clavo en la pared, cuya importancia radica en que representa el inicio de la construcción del túnel ya que definía la dirección subterránea del túnel a través de la pista del aeropuerto. Enseguida entramos a la casa donde unas granadas sobre nuestra cabeza nos reciben, recordando la matanza en el mercado Markale el 5 de febrero de 1994 cuando murieron 68 civiles, además de herir a 144.

A pocos pasos, sobre la pared, vemos la lista de la gente asesinada durante los 1452 días de asedio: 11.541 personas, de las que 1.601 eran niños. Enseguida, cerca de la entrada al túnel, podemos ver en el suelo las huellas incrustadas de una granada, además de una representación mediante maniquís del sufrimiento humano que no entendía ni de edad ni de género. Uno de los ataques más fuertes que sufrió el túnel ocurrió la noche del 16 de junio de 1993, cuando alrededor de 4.500 proyectiles cayeron en el sitio del túnel, provocando la muerte a una persona y otras cuatro fueron heridos mientras trabajan en su construcción.

Y aquí tenemos el acceso al interior del túnel, el cual se construyó en un primer momento para romper el bloqueo y el embargo internacional de armas decretado contra los bosnios por las Naciones Unidas. En estricto secreto y bajo la posibilidad de ser descubierto, 300 hombres excavaron durante cuatro meses y cuatro días en condiciones muy difíciles, a pico y pala, con lámparas de aceite como únicas fuentes de luz, falta de oxígeno y agua hasta las rodillas. Las obras del proyecto se hicieron simultáneamente desde ambos lados opuestos, cavando en turnos de 8 horas durante las 24 horas del día, hasta que el 30 de julio de 1993 dos personas se encontraron por fin en algún lugar debajo de la pista del aeródromo.

Así se consiguió un pequeño pasaje que unió la ciudad de Sarajevo con el resto del territorio libre de Bosnia y Herzegovina, de hecho, no había tiempo que perder y la misma noche que se completó se pasaron por ahí doce toneladas de material militar. El túnel, que discurre sólo a 5 metros debajo de la pista del aeródromo, posee 800 metros de longitud y 1,5 metros de altura, aunque en el otro lado, en Dobrinja, cuenta con menos de 1 metro de alto. Gracias al túnel también se pudieron introducir en Sarajevo, como hemos señalado anteriormente, gran parte de los alimentos y medicinas que necesitaba la población, así como evacuar a civiles heridos o enfermos. Se estima que cerca de 3.000 personas, tanto civiles como militares, cruzaban cada día a través del viaducto. Así mismo también se utilizó para introducir productos de contrabando como cigarrillos, alcohol, etc.

A partir del año 1994, el túnel fue equipado con raíles y vagones, además de pasar cables eléctricos y telefónicos y una tubería por donde discurría el combustible. También se instaló un sistema de drenaje, otro de ventilación, e iluminación. Sobre las vías se instaló una carretilla que, cuando estaba cargada, con el peso que eso suponía, era empujada por una persona a quien se le permitía llevar una mochila con 30 kilos de género para su uso personal.

Antes de la construcción del túnel, quien quisiera entrar o salir de la ciudad sitiada se exponía a atravesar la pista de aterrizaje de 450 metros de largo, bajo una lluvia mortal de disparos de los francotiradores situados estratégicamente en los alrededores cercanos. El tiempo en que duró el asedio, el túnel nunca fue descubierto por el enemigo, aunque tenían indicios de que existía, no lograron saber dónde se encontraba.

Después de finalizar la guerra, el ejército lo abandonó y la casa volvió a convertirse en un lugar civil, por lo que la familia Kolar volvió a ocuparla. Así fue como tuvieron la idea de abrir al público este museo para que el recuerdo de la guerra no se olvide. En la actualidad sólo son visitables 25 metros del túnel que dan una idea muy clara de las condiciones de la época: barro, agua hasta las rodillas, luces débiles, humedad, claustrofobia, etc. Existe un proyecto para restaurar 100 metros más, mientras que los 665,5 metros restantes están cerrados indefinidamente por inundaciones y por seguridad.

Tras salir del túnel, a nuestra izquierda vemos un espacio protegido por una vitrina en el que se ha representado lo más fiel posible la vida cotidiana en la ciudad sitiada. Aquí vemos lo que comían la población asediada: arroz y macarrones preparados de muchas maneras, por lo que se hizo necesario agudizar el ingenio para sobrevivir en las mejores condiciones posibles. Una de las anécdotas acaecidas durante el asedio fue el de una profesora que tuvo que quemar sus quince libros favoritos para hornear una sola pieza de pan.

Pero también vemos otros objetos de la época que constituyen por sí mismos una muestra histórica del devenir diario de los asediados y del propio túnel. Por ejemplo, se exponen cigarrillos con sus cajetillas, los cuales fueron utilizados por entonces como moneda para soldados que se encontraban en la línea de defensa del frente: cuando aquellos recibían los conocidos cigarrillos Sarajevski Marlboro, cuya producción se realizaba en la fábrica de tabaco de Sarajevo, significaba que serían llamados para una misión peligrosa.

Un poco más adelante, sobre la propia valla, se encuentran colgadas las fotografías y nombres de quienes de uno u otro modo participaron en la construcción del túnel. Debajo podemos leer algunas frases pertenecientes a sus testimonios, entre ellos: “lo hicimos por necesidad. Fue algo valioso”, “Era sofocante hasta que instalaron un sistema de ventilación“ o “el primer día, al principio, todo era inquietante. Los chetniks (miembros de una organización guerrillera nacionalista serbia) tenían una panorámica desde arriba del túnel, y de alguna manera me intimidaba cada vez que llegábamos. Aquel acontecimiento quedó firmemente grabado en mi mente.”.

A continuación, vemos representado un campo de minas que, sinceramente, pone la piel de gallina. Las minas antipersonas han causado un mayor número de victimas tras la guerra que durante la misma, de hecho, el país aún sigue un proceso de desminado que aún perdura en nuestros días. Es por eso que, salvo en zonas turísticas, no se recomienda salir de los senderos ya establecidos, además es habitual ver en todo el país a personas a quienes les faltan algún miembro debido a los escalofriantes efectos de la explosión de estas minas tras pisarlas.

Si continuamos hacia adelante veremos mas carteles explicativos: en uno veremos representados el mapa de la ciudad olímpica de Sarajevo durante el asedio de 1992-1995, cuya línea situada en las colinas de la ciudad contaba con más de 60 kilómetros, más de 260 tanques, alrededor de 120 morteros, nidos de ametralladoras (conocidas como “sembradoras de muerte”), lanzamisiles, francotiradores, armas cortas, etc.… Al lado se suceden diferentes fotografías en los que podemos ver diferentes partes de Sarajevo devastadas durante la guerra, así como escenas cotidianas de sus habitantes.

Al otro lado se encuentra un camión del fabricante “Zastava”, el cual jugó un papel importante en la construcción del túnel. Curiosamente, antes de la guerra, este vehículo era utilizado por la compañía serbia “Knjaz Milos” que producía agua potable. Después sirvió para transportar los medios técnicos y materiales de construcción necesarios para las obras del túnel, incluso transportó el primer envío a la ciudad sitiada. El camión fue donado a este museo-memorial por la familia Abid Jašar, quienes contaban entre sus miembros un conductor de camiones destinado en el “104 Viteška Brigada”. Por cierto, cerca de ese vehículo se encuentra la futura salida del proyecto del túnel ampliado y acondicionado para su visita.

En medio del patio se levanta una estructura de madera que acoge una tienda de suvenires y espacios audiovisuales en los que se proyecta un documental de 17 minutos de duración dividido en dos partes: la primera está dedicada al asedio y bombardeo de la ciudad, mientras que en la segunda se trata la construcción del túnel, así como testimonios de personas que lo llevaron a cabo. Este video sirve como base e introducción visual a la exposición permanente de este museo.

Antes de volver a entrar al interior de la casa de la familia Kolar, vemos un gran mural a nuestra izquierda dedicado las Rosas de Sarajevo, como la que vimos en la parte exterior del edificio antes de acceder al museo, o como la que vemos justo aquí, delante del mural. Vemos más gráficamente el peligro que corrían aquellas personas, no sólo por la composición de las fotografías que se combinan en el gran mural, sino por objetos físicos como un trineo para el transporte del agua o una bicicleta que pertenecieron a víctimas de los proyectiles que cayeron sobre la ciudad.

Ahora sí, volvemos a entrar al interior de la casa por donde anteriormente lo habíamos hecho, para continuar con la visita del área expositiva permanente. Aquí, en una de las salas, veremos objetos que de una u otra manera han tenido que ver con la construcción del túnel y su mantenimiento, como las carretillas, los picos, las palas, la máquina de extracción de agua, etc. Además, podemos ver más claramente por donde transcurre el túnel gracias a una maqueta en la que se señala su recorrido por debajo de la pista del aeropuerto.

En la siguiente habitación se exponen diferentes elementos que conformaban la consejería, el “check point” o punto de control, situado en el sótano, donde la policía militar realizaba el control de los documentos y los permisos que autorizaban el paso a través del túnel de las personas que pretendían cruzarlo. Esos permisos eran expedidos por las autoridades, existiendo dos tipos: los temporales y los permanentes. Aquellos primeros, a su vez, se podían utilizar varias veces o para un solo paso.

Otro de los elementos destacables de la exposición permanente del museo-memorial es un sillón conocido como “Butaca del presidente” ya que fue utilizado para transportar al primer presidente de Bosnia y Herzegovina Alija Izetbegović, uno de los firmantes de los Acuerdos de Dayton, junto con Franjo Tuđman (presidente de Croacia) y Slobodan Milošević (presidente de Serbia), que pusieron fin a la guerra en diciembre de 1995. La silla también se utilizó en la propia oficina del puesto de control, así como para el transporte de heridos y de otros miembros del gobierno bosnio y de la diplomacia internacional que ingresaban o salían del Sarajevo sitiado.

Más imponente es, sin embargo, una réplica de una sección transversal del túnel en el que vemos una recreación de uno de sus usos, así como los elementos originales que conformaban el túnel. De hecho, aquí vemos, en el techo, la estructura de hierro original que se usó a lo largo de la construcción del túnel desde la zona en la que nos encontramos y en dirección a Dobrinja, mientras que, en el lado contrario, en la sección que va en dirección a Butmir, se utilizó madera como material de construcción; esto es debido a que en el Sarajevo sitiado había escasez de madera ya que se utilizó para cocinar y generar calor. En el suelo podemos ver una pequeña vía de ferrocarril por el que circulaban vagones para el transporte de mercancías y materiales. En las paredes vemos los cables de electricidad (la cual se distribuía a consumidores prioritarios), los tubos para el transporte de combustible, los cables de telecomunicaciones, etc.…

Junto a la réplica del túnel, se encuentran otros elementos que van ineludiblemente unido a la función del túnel: las mochilas. Y es que las personas que entraban a Sarajevo desde la zona libre tenían permitido llevar esas mochilas con 50 kilos de comida que eran imposibles encontrar en la ciudad sitiada: fruta y verdura fresca, legumbres, chocolates, conservas, etc.…

Así llegamos hasta el último espacio expositivo: el sótano donde, tras ponerse en funcionamiento el túnel, albergó la consejería y el punto de control que estaba ocupado por policías militares que se encargaban de la seguridad del túnel. Actualmente es una parte más del museo, donde a través de diferentes piezas, como ropa militar y armas utilizados durante el conflicto bélico, se cuenta la historia del ejército bosnio, centrándose sobre todo en la evolución de los uniformes bosnios a lo largo de la guerra.

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