BARCELONA

MUSEO DE HISTORIA DE BARCELONA (MUHBA) SANTA CATERINA


El mercado de santa Caterina surge como una reinterpretación contemporánea de su predecesor, un edificio neoclásico de estructura metálica que destacaba por su amplitud en una sola planta y su generosa altura. La nueva intervención no solo respeta ese legado, sino que lo amplifica: propone un diálogo entre lo antiguo y lo moderno, transformando el espacio en una especie de gran lienzo colorido que evoca la experiencia sensorial de la comida y la vida cotidiana del barrio. La última intervención surgió ante la intención de solucionar los problemas estructurales y de organización que presentaba el edificio anterior. Así, la reorganización del espacio permitió reducir el número de puestos y concentrarlos hacia la avenida Francesc Cambó, mejorando la actividad comercial, mientras que hacia el interior del barrio se priorizó la creación de un área más abierta y social.

Uno de los elementos más llamativos es su cubierta ondulante, formada por miles de piezas cerámicas que, en conjunto, recrean un vibrante bodegón vegetal. En concreto, la cubierta, de unos 5.500 metros cuadrados, está compuesta por aproximadamente 325.000 piezas hexagonales de múltiples colores. Su forma irregular se apoya en un complejo sistema estructural de vigas de madera y acero, sostenidas a su vez por grandes arcos metálicos y elementos de hormigón. Estos arcos, de gran luz, atraviesan la cubierta y contribuyen a definir su silueta dinámica, casi como si fuera un tapiz suspendido en el aire.

Bajo esta estructura, sostenida por una combinación de madera y acero, se disponen los puestos de venta de forma independiente, generando un espacio abierto y flexible. En uno de los lados, la cubierta emerge por encima de la antigua fachada conservada; en el otro, se despliega hacia un amplio atrio que actúa como punto de encuentro vecinal, compensando la escasez de espacios públicos en la zona. Es por ello que, en conjunto, el mercado no solo cumple una función comercial, sino que se convierte en un espacio urbano vivo, donde arquitectura, historia y vida cotidiana se entrelazan. Incluso se proyectó un mirador elevado para contemplar la cubierta en toda su magnitud, aunque esta idea aún no se ha materializado.

Durante las obras, iniciadas varios años antes de su finalización, aparecieron restos del antiguo convento de Santa Caterina (MUHBA Santa Caterina), lo que obligó a replantear el proyecto. Lejos de ser un obstáculo, estas ruinas se integraron en la nueva disposición del edificio. En el siglo XIII surgieron en Europa las órdenes mendicantes, una nueva forma de vida religiosa centrada en la predicación y la pobreza. En Barcelona, este cambio supuso pasar de tener solo dos monasterios periféricos a contar con numerosos conventos dentro de la ciudad. Los franciscanos fueron los primeros en instalarse, seguidos por los dominicos quienes en el 1223 fundaron el convento de santa Catalina.

Además de sacar a la luz restos de ocupaciones anteriores, las excavaciones realizadas bajo el mercado a comienzos de este siglo permitieron reconstruir la evolución del convento, definiendo sus formas, características y etapas a lo largo de sus 612 años de historia. El primer conjunto (1223-1242), de dimensiones reducidas y carácter sencillo, reutilizaba una capilla ya existente como iglesia. Posteriormente, entre 1248 y 1310, se levantó un segundo complejo que ya incluía una iglesia de mayor tamaño con tres ábsides y un claustro con sala capitular, ambos dentro del estilo tardorrománico.

Más adelante, durante la reforma gótica (1325-1525), el edificio religioso se amplió con la incorporación de capillas alrededor de su perímetro y se transformó el claustro. En los siglos siguientes (1550-1700) se añadieron nuevas construcciones en el conjunto, adoptando progresivamente formas clasicistas, construyéndose también una cripta funeraria bajo la iglesia. En la actualidad, solo es posible observar los restos de la zona de unión entre la cara norte del gran ábside gótico y el resto del templo, junto con algunos vestigios del ábside tardorrománico y estructuras anteriores a la fundación situadas en la parte posterior. A principios del siglo XIX, las órdenes religiosas poseían muchos edificios en Barcelona. Las desamortizaciones de 1836 hicieron que esas propiedades pasaran a otras manos y provocaron el abandono de numerosos conventos. Los espacios liberados permitieron construir mercados y servicios modernos en una ciudad industrializada que aún estaba rodeada por murallas.

De esta manera, a mediados del siglo XIX, concretamente el 13 de agosto de 1848, finalizaron las obras del mercado de santa Caterina primigenio, levantado sobre el terreno que quedó libre tras el derribo del antiguo convento. El espacio se organizaba alrededor de una gran plaza descubierta, de amplias dimensiones, rodeada por una construcción cubierta que regulaba las entradas y acogía los puestos que necesitaban instalaciones permanentes, como las carnicerías. Con la llegada del siglo XX, la plaza central pasó a estar techada mediante una estructura sencilla añadida a la original. Esta modificación permitió reorganizar el mercado con puestos fijos y una distribución más estable, aunque el recinto continuó transformándose y adaptándose durante las décadas posteriores.

Para más información sobre horarios, precios, actividades, etc., acude a la web del MUHBA Santa Caterina o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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