STOLAC (Столац)

NECRÓPOLIS DE RADIMLJA


Esta necrópolis se encuentra en Vidovo polje, a algo más de 3 km al oeste de Stolac, en la carretera nacional M-6 que une Čapljina y Stolac. Se trata del más famoso y visitado de las 30 necrópolis medievales que cuentan con stećci en los Balcanes, de los que 22 se encuentran en Bosnia y Herzegovina. Las stećci, en singular stećak, son unos monolitos o lápidas monumentales medievales de varias formas y tamaños decoradas con diferentes grabados. Quizás el gran atractivo de la necrópolis de Radimlja sea la riqueza de las decoraciones que encontramos talladas en la piedra de esas lápidas, además de situarse muy cerca de Stolac y de otras dos necrópolis, Boljuni y Potkuk.

La mayoría de estos monolitos datan entre los años 1380 y 1500, como lo demuestra el epitafio en uno de ellos, en el que se menciona a Radoje, uno de los miembros de la familia Hrabren Miloradović, coincidiendo con el período en que éstos vivieron en Ošanići. Los hombres de esta familia eran los “voivodas” o jefes militares de todo el territorio que abarcaba desde Stolac hasta Móstar. Las distintas generaciones de esta familia se encontraron tanto en la corte de los sultanes de Ragusa (actual Dubrovnik), como en los palacios de Viena o San Petersburgo. Los Hrabren Miloradović eran, en origen, ortodoxos pertenecientes a la etnia arumana que fue un antiguo pueblo balcánico que usaba una lengua latina y que vivían del comercio y de la trashumancia de rebaños de ganado caprino hasta Grecia.

Radimlja es considerada, y a la vista de las fuentes, como el cementerio familiar de los Hrabren Miloradović, lo que proporciona información sobre la cultura de estas lápidas monumentales o stećci. Su uso estaba muy extendido en las diferentes comunidades de la sociedad bosnia de la Edad Media tardía, eran empleadas tanto por los miembros de la Iglesia de Bosnia o bogomilos, como por los católicos y por los ortodoxos eslavos o arumanos. Así pues, la datación del sitio también coincide con el apogeo de estos últimos en Bosnia, los arumanos. El último vaivoda, Radosav Hrabren, fue enterrado aquí en el año 1381. Cinco años después la región pasó a manos otomanas, con lo que la mayoría de los arumanos se convirtieron progresivamente al islam, quedando finalmente la necrópolis de Radimlja abandonada a principios del siglo XVI.

Las siguientes generaciones respetaron y conservaron casi intactas las diferentes stećci. Durante el periodo austrohúngaro, en el año 1882 las autoridades no tuvieron consideración y decidieron construir a través de la necrópolis la actual carretera que uniría Čapljina y Stolac. Para ello destruyeron una veintena de lápidas que además sirvieron como material de construcción, dejando aisladas al norte de la carretera once monolitos. En la década de 1950, el lugar tuvo sus primeras investigaciones y se pusieron en vigor diferentes medidas de protección. En los registros de 1967 se menciona que la necrópolis tenía entonces un total de 133 lápidas monumentales.

Pero como no podía ser de otra manera, la zona también alberga leyendas y creencias locales. Una de ellas cuenta que el área estuvo habitada por griegos, por eso, la creencia popular llamaba a las stećci “tumbas griegas”. Ocurrió que aquellos sufrieron un invierno muy frío que duró siete años. Como los griegos no estaban acostumbrados a semejante frío, el rey ordenó a la población que se fuera a otros lugares. Todos obedecieron a excepción de su hija, la princesa, quien se escapó y se escondió en una cueva porque se negaba a abandonar su preciado tesoro, ante lo cual, el rey la maldijo, provocando que se convirtiera en dragón. Se dice que aun hoy sigue escondida en su cueva cuidando que nadie le robe su tesoro, el cual sólo deja sin vigilancia durante el verano, cuando sube a la cima de la montaña para darse un baño al sol.

Otra de las creencias entre la población local era que los monolitos tenían propiedades curativas para el ganado, por lo que era habitual hacer que los animales caminaran alrededor de las piedras varias veces para mantenerlos sanos y fuertes. También se pensaba que si una mujer estéril bebía polvo obtenido de las piedras mezclado con agua la ayudaría a concebir un bebé. Incluso, en varias necrópolis de la zona y hasta la segunda mitad del siglo XX, la gente local se reunía para rezar en momentos de peligro. En algunas de esas necrópolis se pintaban las piedras más impresionantes para hacerlas más distinguidas para conseguir protección para el cultivo. A menudo, el monolito era pintado por una niña del pueblo que había perdido a sus padres, y quien posteriormente recibiría regalos, como zapatos y ropa, de sus vecinos del pueblo.

Ya hemos conocido la historia real y las leyendas y creencias populares, así pues, centrémonos en las stećci, las cuales, en esta necrópolis, están orientadas hacia el sureste, mientras que en los cementerios medievales de los alrededores están orientadas hacia el oeste. Además, aquí estos monolitos no están alineados como es habitual, sino que se encuentran formando pequeñas hileras separadas entre sí o con diferentes números de elementos.

En cuanto a sus formas, aquí vemos una amplia gama que resultan ser un resumen perfecto de los cuatro siglos de historia de la necrópolis: las stećci con forma de losas fueron las más utilizadas a partir del siglo XII, sin embargo las que tienen forma de cofres aparecieron a mediados del siglo XIV, mientras que las stećci acabadas en hastial lo hicieron a principios del siglo XV, a mediados de dicho siglo se comenzó a utilizar cruces antropomorfas, así como pilares, que fue la última evolución de las formas de estas piedras, acaecidos a finales del XV. Además de las diferentes formas, también vemos tamaños muy diferentes, o el uso de pedestales en sesenta y uno de ellos, mientras que en veinte de las stećci se optó por un estilo muy cuidado.

Un total de 63 están decoradas con bajorrelieves, grabados o una combinación de ambos. Esto hace de Radimlja una de las necrópolis medievales de los Balcanes con más decoraciones (lo que demuestra el alto rango que tenían los difuntos en aquella sociedad), con más calidad artística y mejor conservadas. Los mejores ejemplos son las lápidas que tienen forma de cofre y, sobre todo, las que tienen techo con hastial o a dos aguas, también llamadas casas eternas, las cuales son, concretamente, nueve, de las que cinco están situadas sobre un pedestal.

Las decoraciones consisten en frisos vegetales o cintas trenzadas, además de diversas ornamentaciones simbólicas que van desde soles, estrellas y medias lunas, pasando por cruces estilizadas y terminando con escudos, espadas, flechas y arcos. Las representaciones antropomórficas son también muy numerosas, en ellas podemos ver escenas de hombres y mujeres jugando o danzando (kolo), o caballeros cazando o combatiendo, sin olvidar los misteriosos hombres con la mano derecha alzada, que constituye el motivo más famoso de Radimlja y convertido, junto con el Puente Viejo de Móstar, en icono del turismo de Bosnia y Herzegovina.

El hombre con la mano alzada lo localizamos en un gran cofre y en dos estructuras con techo con hastial o a dos aguas. A este motivo se le ha dado la denominación de vaivoda, puesto que se ha interpretado el gesto de la mano derecha como señal de lealtad de un caballero hacia su señor feudal. Otros historiadores señalan que esta figura simplemente podría ser la representación de san Guido, el santo tutelar de los ortodoxos de la región, lo que tendría bastante lógica si tenemos en cuenta que la élite arumana local practicaba la religión ortodoxa. Sea como fuere, los historiadores aún no se han puesto de acuerdo, lo que ha provocado un halo de misterio alrededor del hombre con la mano alzada, incluso existen otras teorías más esotéricas y fantásticas.

Finalmente hablemos de las inscripciones, aunque esta necrópolis es bastante pobre en ese ámbito, sobre todo si se compara con la vecina Boljuni. Sólo existen epitafios en cinco lápidas, los cuales son muy cortos y están escritos en el extinto alfabeto cirílico bosnio.

Al menos cuatro de ellos hablan de señores locales, mientras que otros, además del stećci de Radoje Hrabren Miloradović, tienen los patronímicos de diferentes familias: Vuković que fueron gobernadores bosnios de Croacia del siglo XIV, Vlahivić que fueron nobles arumanos, los nobles serbios de la familia Napetović y un solo nombre, Stipan, que sin duda perteneció a un miembro de una rica familia croata. Esas mismas lápidas también lucen las firmas de tres escultores: Bolašin Bogačič, Miogost y Ratko Brativonič. Estos artistas tenían un estilo muy común que transmitieron a sus discípulos, cuyos conocimientos aplicaron en otras necrópolis de la región hasta mediados del siglo XVI.

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