Entre las calles del casco histórico de Aranjuez todavía se conservan algunas corralas con más de dos siglos de historia, un interesante testimonio de la arquitectura popular vinculada al desarrollo del Real Sitio. Estas construcciones surgieron principalmente durante el siglo XVIII y estaban destinadas a alojar a una población formada por trabajadores, artesanos, comerciantes y otras personas relacionadas con la actividad de la corte.
Las viviendas se distribuían alrededor de un patio común, verdadero centro de la vida vecinal, al que daban los corredores y galerías de acceso. En algunos casos, estos edificios también incorporaban comercios, almacenes, establos y otros espacios de servicio. Suelen presentar una arquitectura sencilla, con estructuras de madera, cubiertas inclinadas y, en algunos ejemplos, buhardillas. Frente a las grandes corralas que posteriormente se desarrollaron en Madrid para acoger a una población cada vez más numerosa, las de Aranjuez mantienen unas dimensiones más reducidas y una disposición cercana a los modelos tradicionales.
Entre las que han llegado hasta nuestros días destaca la Casa Grande, construida en el siglo XVIII durante la etapa de mayor desarrollo del Real Sitio. Fue concebida como casa de jornada, destinada a alojar temporalmente a las personas que acudían a Aranjuez durante las jornadas reales y que contribuían al funcionamiento de la corte. Su organización en torno a un amplio patio permitía combinar viviendas con almacenes y establos, creando un pequeño espacio de actividad residencial y económica.
Aunque el edificio ha experimentado distintas transformaciones, todavía conserva elementos de su configuración tradicional, especialmente el patio y los espacios de circulación que permiten reconocer la estructura de estas antiguas viviendas colectivas. La Casa Grande constituye así un ejemplo de la arquitectura más cotidiana de Aranjuez, alejada de los grandes edificios palaciegos que habitualmente identifican a la ciudad.
Otro ejemplo destacado es el actual Hostal Castilla, instalado en una antigua corrala del siglo XVIII. Su origen también está relacionado con el crecimiento del Real Sitio y con el movimiento de personas que llegaban a Aranjuez durante la época de los Borbones. El edificio mantiene la organización tradicional alrededor de un patio interior, con corredores que comunicaban las diferentes viviendas.
Tras su restauración, en 2001 el inmueble comenzó una nueva etapa convertido en el actual Hostal Castilla. Hoy funciona como alojamiento y cafetería, y su patio interior puede ser visitado gratuitamente, permitiendo contemplar de cerca uno de los ejemplos de arquitectura residencial tradicional que todavía se conservan en el centro histórico de Aranjuez. En definitiva, recorrer estas antiguas corralas permite descubrir una parte menos conocida del patrimonio de la ciudad y acercarse a la vida de quienes, durante generaciones, hicieron posible el funcionamiento cotidiano del Real Sitio.
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