La Plaza de la Constitución de Aranjuez es uno de los espacios públicos más destacados del centro histórico y un lugar que permite acercarse a la historia y a la evolución urbana de la ciudad. Su configuración está vinculada al desarrollo de Aranjuez entre los siglos XVIII y XIX, cuando se impulsó la configuración urbanística que definió calles, plazas y edificios destinados a dar servicio a la corte y su relación entre los propios habitantes. Con el paso del tiempo, la plaza fue adquiriendo importancia como lugar de encuentro y punto de referencia dentro del casco urbano. Hoy mantiene ese carácter representativo y forma parte de los espacios que merece la pena recorrer para conocer el Aranjuez más ligado a su vida ciudadana.
La plaza funciona como un espacio de transición entre diferentes zonas del centro histórico y destaca por su carácter abierto y urbano. A diferencia de los grandes espacios monumentales vinculados directamente al palacio Real, aquí se aprecia mejor la dimensión cotidiana de Aranjuez, con calles que parten hacia distintos puntos del casco antiguo y edificios que reflejan la evolución de la localidad desde su época de esplendor cortesano. La plaza está cerrada por dos de sus lados por dos edificios: el Ayuntamiento de Aranjuez y el Mercado de Abastos.
El edificio que actualmente ocupa el Ayuntamiento de Aranjuez tuvo originalmente una función vinculada a la Casa Real. Se trataba de la Casa de los Empleados, construido en 1786 y destinada a alojar a los trabajadores de mayor categoría que prestaban servicio al rey. Fue ya en el siglo XIX cuando pasó a desempeñar funciones municipales como Casa Consistorial. Su aspecto mantiene algunos de los rasgos característicos de la arquitectura tradicional de Aranjuez, especialmente en la composición ordenada de la fachada y en la combinación de ladrillo y piedra. Uno de los elementos que más fácilmente permite reconocer el edificio es su torre del reloj, que sobresale sobre la fachada y que se ha convertido en una de las imágenes más características de esta plaza.
En el centro de la explanada se encuentra el monumento dedicado a Alfonso XII. Su presencia está relacionada con un episodio de la historia de Aranjuez ocurrido durante la epidemia de cólera de 1885: el monarca acudió personalmente a visitar a los enfermos y autorizó que algunas instalaciones vinculadas a la Corona, como el palacio Real, fueran habilitadas para atender a los afectados por la epidemia. Como reconocimiento y agradecimiento a esta actuación se levantó posteriormente este monumento, que recuerda la relación de Alfonso XII con aquellos acontecimientos, ocupando hoy un lugar destacado dentro de esta plaza.
El otro extremo de la plaza está ocupado por el Mercaranjuez, nombre con el que se conoce al mercado Municipal de Abastos, inaugurado en 1894, según la documentación histórica municipal. Está considerado como el primer inmueble de importancia promovido por una corporación municipal. Su construcción responde a la expansión de este tipo de mercados durante el siglo XIX, cuando comenzaron a incorporarse nuevos materiales y soluciones arquitectónicas.
El edificio, construido por el arquitecto Enrique Sánchez Cedeño, posee una estructura que lo convierte en un ejemplo representativo de la denominada arquitectura del hierro, muy vinculada a espacios públicos durante esta época, como es el caso, como decimos, de los edificios destinados a albergar mercados.
Actualmente, el mercado conserva su actividad comercial y permite acercarse a una faceta más cotidiana de Aranjuez, en el que poder encontrar, entre otros productos, alimentos procedentes de la tradicional producción hortelana de Aranjuez. Sin embargo, la actividad comercial de esta zona posee antecedentes más antiguos: durante el siglo XVIII, los puestos dedicados a la venta de alimentos compartían espacio con otros negocios, como los relacionados con las telas, la lencería, el calzado, la relojería, los perfumes o las joyas.
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