REAL SITIO Y VILLA DE ARANJUEZ

ARANJUEZ: UN RECORRIDO POR LA VILLA REAL, SUS PALACIOS, PLAZAS Y JARDINES


El recorrido por la villa de Aranjuez lo vamos a iniciar en su estación de trenes (quizás hayas elegido este medio de transporte para llegar hasta aquí). La llegada del ferrocarril transformó para siempre la historia de Aranjuez, ya que la línea Madrid - Aranjuez, inaugurada en 1851, fue el segundo tramo ferroviario que entró en servicio en España. La primera estación se construyó gracias al impulso y la financiación del Marqués de Salamanca, y una de sus vías llegaba directamente hasta la Puerta de Damas del Palacio Real para uso exclusivo de la familia real. El edificio que puede verse hoy, uno de los edificios ferroviarios más singulares y elegantes de la Comunidad de Madrid, fue levantado en la década de 1920 siguiendo un elegante estilo neomudéjar diseñado por el arquitecto Narciso Clavería.

Su estructura se organiza en torno a una larga nave rectangular de ladrillo visto presidida por un cuerpo central más alto, donde se encuentran el acceso principal y el vestíbulo. Llaman la atención los detalles decorativos que caracterizan al conjunto: el propio ladrillo visto, los azulejos ornamentales, la forja, los artesonados y los elementos de piedra que recorren la base del edificio. En la parte superior, una cuidada cornisa aporta ritmo y personalidad a la fachada.

En el interior sobresale el amplio vestíbulo principal, cubierto por un llamativo artesonado iluminado del que cuelgan cinco grandes lámparas de hierro forjado. Después se encuentra los andenes que están cubiertos por marquesinas sostenidas por columnas de hierro. Desde ellos se accede, a través de escaleras protegidas por rejas, a un paso subterráneo revestido con azulejos diseñado por Mario Maragliano (colaborador de Antoni Gaudí), que permite comunicar cómodamente los andenes. Durante la Guerra Civil estos pasos subterráneos sirvieron de refugio para la población durante los bombardeos. Tras el conflicto, la estación sufrió importantes daños y tuvo que ser restaurada, recuperando poco a poco el esplendor que conserva en la actualidad.

Por último, es importante señalar que, entre marzo y noviembre, la estación de Aranjuez recibe la llegada del histórico tren de la Fresa, llamado así porque transportaba esa fruta que se cultivaban en las huertas del Tajo y del Jarama. Este tren turístico, en funcionamiento desde 1984, forma parte del museo del Ferrocarril de Madrid, y con esos trayectos rememora el recorrido de la línea Madrid - Aranjuez, simbolizando la llegada de la industrialización a la zona. El viaje se amenizará gracias a un grupo de actores vestido de época, además se repartirán fresones de Aranjuez, producto muy ligado a la identidad de la ciudad y motivo de la creación del tren.

Desde aquí, ya sea en taxi, coche o dando un paseo, es fácil llegar al casco antiguo de Aranjuez, donde la atención no debe centrarse únicamente en monumentos concretos, sino en la armonía que define el conjunto urbano. La ciudad fue concebida para resaltar la presencia de las grandes construcciones reales, quedando regulado su trazado mediante estrictas normas impulsadas por los reyes y detalladamente descritas por Juan de Villanueva. Entre las disposiciones establecían una imagen uniforme para todas las edificaciones: alturas similares, tejados con la misma inclinación, balcones sobrios y repetitivos, y amplios portones de acceso a las viviendas.

El resultado de esta planificación llamó la atención de numerosos viajeros del siglo XVIII, que describían una población de calles rectilíneas y casas blancas con contraventanas verdes, levantadas siguiendo un modelo común. Además, la Corona facilitaba terrenos a quienes deseaban construir, siempre que respetaran la estética fijada para la ciudad. Un buen ejemplo de esta filosofía urbanística es la Casa del Gobernador, proyectada por Villanueva en 1799. Aunque fue residencia de la máxima autoridad local, su aspecto se integra perfectamente en el entorno y cumple las mismas normas que el resto de edificios del casco histórico.

Dicho lo cual, empezamos el paseo desde la plaza de Parejas que sorprende por sus enormes dimensiones y por la sensación de amplitud. Desde hace siglos forma parte del corazón ceremonial del Real Sitio, sirviendo como escenario para celebraciones, actos oficiales y espectáculos relacionados con la corte. Entre los eventos más populares se encontraban las corridas de toros, los juegos de cañas y, especialmente, el llamado juego de las parejas que terminó dando nombre a este emblemático espacio. Se trataba de una exhibición ecuestre que alcanzó gran popularidad durante los siglos XVIII y XIX. En ella participaban decenas de caballeros que, montados a caballo y organizados en filas, realizaban complejas evoluciones y cruces al ritmo de la música, creando un espectáculo que combinaba la elegancia de un desfile con la destreza de un torneo.

Los reyes, la corte y sus invitados contemplaban estas demostraciones desde los balcones y galerías del gran protagonista de esta zona: el palacio Real, en cuya primera planta se distribuyen las habitaciones reales. El resto de la plaza está enmarcada por algunos de los edificios más representativos del conjunto palaciego: a un lado se encuentran las históricas Casas de Oficios y Caballeros, destinadas a alojar a los empleados y servidores de la corte, mientras que al otro destaca la Casa de los Fogones, donde se preparaban los alimentos destinados a la corte y que constituye un ejemplo de las construcciones auxiliares que daban servicio al complejo palaciego.

Hoy la Plaza de Parejas, además de ofrecer una de las mejores perspectivas del Palacio Real, continúa acogiendo eventos culturales y representaciones históricas, como la recreación del Motín de Aranjuez, que cada año devuelve a este escenario parte de su antiguo esplendor. Pasear por ella permite imaginar el ambiente festivo y ceremonial que durante siglos acompañó a la monarquía española en sus estancias en Aranjuez.

Un poco más alejado, hacia el oeste, se levanta el palacio de Silvela que ocupa un enclave singular dentro de los antiguos terrenos destinados al Jardín de Plantas Medicinales de la Familia Real. Su construcción fue impulsada en 1860 por Francisco de Asís de Borbón, esposo de la reina Isabel II. Con el paso del tiempo, este elegante edificio se ha convertido en un destacado espacio para la celebración de eventos, combinando el atractivo de su entorno histórico con la amplitud y versatilidad de sus instalaciones.

Al otro lado de la Casa de Oficios y Caballeros, hacia el este, se extiende la plaza de san Antonio, la cual fue diseñada como antesala del Palacio Real. Su amplitud y diseño simétrico reflejan el urbanismo ilustrado del siglo XVIII. En ella destacan la fuente de la Mariblanca, uno de los símbolos de Aranjuez, la Casa de Oficios y Caballeros, el Jardín de Isabel II, la Casa de Infantes y Atarfe (levantada para alojar a miembros de la familia real y su séquito durante las jornadas cortesanas) y la singular iglesia de san Antonio de Padua, reconocible por su planta circular y sus galerías porticadas.

A pocos pasos aparece el teatro Real Carlos III, uno de los edificios históricos más emblemáticos de Aranjuez. Su construcción fue ordenada por Carlos III en 1768 y encargada al arquitecto Jaime Marquet, dentro del proyecto de modernización que transformó el Real Sitio durante el siglo XVIII. Fue inaugurado un año después, el 14 de mayo de 1769 en presencia de Carlos III, María Luisa de Borbón y otros miembros de la familia real, y a partir de entonces fue durante décadas escenario de óperas, comedias y representaciones dramáticas. La fachada original, del que aún conserva sus característicos cinco arcos de ladrillo, estaba coronada por una inscripción en latín que exaltaba la armonía entre la naturaleza y la vida cortesana que definía a Aranjuez. En su interior, el teatro destacaba por la riqueza de su decoración, con frescos en la bóveda y una cuidada distribución de platea, palcos y anfiteatro que permitía acoger a unos quinientos espectadores.

A lo largo del siglo XIX experimentó diversas reformas y mejoras, mientras que en el siglo XX pasó a manos privadas bajo el nombre de Gran Teatro Maestro Guerrero. En esta etapa continuó su actividad cultural y llegó a funcionar también como cine antes de cerrar definitivamente en 1989. Tras varios intentos para realizar obras de recuperación, el edificio fue rehabilitado respetando los elementos históricos que habían llegado hasta nuestros días, como parte de la fachada original y algunos restos decorativos. El proyecto, dirigido por el arquitecto Mariano Bayón, combinó la restauración patrimonial con instalaciones modernas adaptadas a las necesidades actuales. El teatro reabrió sus puertas el 5 de junio de 2014 y desde entonces ha recuperado su protagonismo como uno de los principales espacios culturales de Aranjuez, manteniendo viva una tradición escénica que se remonta a más de dos siglos y medio.

El paseo por la ciudad conduce después a la plaza de la Constitución, corazón de la vida cotidiana de Aranjuez desde hace generaciones. Este espacio ha sido tradicionalmente el centro administrativo y comercial de la localidad. Aquí se encuentra el histórico mercado de Abastos, construido para centralizar el comercio de productos frescos, así como el edificio del Ayuntamiento, que preside la plaza. También destaca el Monumento a Alfonso XII, recuerdo de la estrecha vinculación de este monarca con el Real Sitio.

Muy cerca se levanta el histórico Hostal Castilla, una de las corralas tradicionales de Aranjuez y testigo de la llegada de viajeros y visitantes durante generaciones. Siguiendo la ruta aparece la plaza de Toros de Aranjuez, la cual es una de las únicas tres plazas españolas construidas antes de 1800 que han sido reconocidas con la distinción de Plaza Histórico-Artística, junto con la Real Maestranza de Sevilla y la plaza de Ronda. Fue mandada construir por Carlos IV en 1796 sobre una anterior levantada en 1760, y fue inaugurada el 14 de mayo de 1797 en presencia del propio monarca y de la reina María Luisa de Parma. A lo largo de su historia ha sufrido diversas transformaciones: un incendio la destruyó en 1809, siendo posteriormente reconstruida en 1829 durante el reinado de Fernando VII y ampliada años más tarde gracias a la intervención del marqués de Salamanca.

Su ubicación, ligeramente apartada del núcleo urbano, pero perfectamente conectada con él, contribuye a realzar la importancia del edificio dentro del trazado de Aranjuez. Arquitectónicamente, constituye uno de los mejores ejemplos de plaza de toros exenta de planta centralizada. Su exterior presenta una sólida estructura formada por mampostería, ladrillo y piedra, configurando un singular polígono de 48 lados distribuido en tres alturas. En su diseño original contaba con capacidad para unas 6.000 personas, una cifra sorprendente si se compara con la población que tenía entonces la localidad que rondaba los 4.500. Entre sus elementos más destacados se encuentra el acceso reservado a la familia real, que disponía de una puerta propia y una escalera privada que conducía directamente al Palco Real.

Durante el siglo XIX se añadieron los tendidos de gradas y las galerías superiores, construidas en madera y decoradas con sencillos balcones bajo arcos, aportando al conjunto una imagen elegante y tradicional. El ruedo, considerado uno de los de mayores dimensiones de España, ha sido escenario de faenas protagonizadas por algunos de los toreros más célebres de cada época. Hoy, en su interior alberga el museo Taurino, un espacio que permite conocer la historia de la tauromaquia a través de trajes, carteles, utensilios y recuerdos vinculados a algunas de las figuras más importantes del toreo. Además, se ofrecen visitas guiadas que permiten recorrer sus dependencias y descubrir la historia de un edificio que forma parte esencial del legado cultural de Aranjuez.

No lejos de allí se encuentra el antiguo Hospital de san Carlos que fue construido por iniciativa de Carlos III en 1776, bajo la dirección del arquitecto Manuel Serrano, con el propósito de atender a los empleados reales y a los residentes del Real Sitio. Durante el reinado de Isabel II, el edificio fue ampliado siguiendo el gusto arquitectónico del siglo XIX, incorporando un segundo patio y nuevas galerías destinadas a los convalecientes. Su arquitectura es principalmente funcional, aunque destaca su sencilla fachada de ladrillo y, especialmente, la portada principal decorada con una combinación de frontones curvos y triangulares.

Justo enfrente se encuentra el Real Convento de san Pascual Bailón, construido por iniciativa de Carlos III, dentro de un proyecto ideado ante la necesidad extender la ciudad hacia el sur por el crecimiento de su población. Con esta ampliación, se dejó atrás parte de la espectacularidad barroca para dar paso a un urbanismo más racional, propio de los ideales de la Ilustración, en el que comenzaron a surgir edificios destinados a cubrir distintas necesidades, como hospitales, teatros, conventos y otras instalaciones. Fue proyectado por el arquitecto Francisco Sabatini y construido principalmente con ladrillo y adobe. El resultado es un conjunto de aspecto sobrio y monumental, en el que la sencillez de sus materiales se combina con una elegante belleza.

El convento fue concebido para acoger a una comunidad de monjas de clausura Concepcionistas Franciscanas. Su iglesia, levantada en el siglo XVIII, presenta una llamativa fachada de estilo neoclásico, rematada por dos torres. En ella sobresalen las columnas y pilastras, que aportan ritmo y elegancia al conjunto, además del frontón que corona la composición. Junto al templo se encuentran las dependencias conventuales, distribuidas alrededor de varios patios, mientras que en la parte posterior se extiende una amplia huerta que completa este singular conjunto arquitectónico.

Continuando por el casco histórico se llega a la casa del Gobernador que fue encargada por Carlos IV al arquitecto Juan de Villanueva para servir como residencia del gobernador del Real Sitio y acoger diferentes dependencias administrativas, como la Contaduría, la Tesorería y la Escribanía. Aunque fue residencia de la máxima autoridad local, respeta la uniformidad arquitectónica sobria que caracteriza al conjunto urbano de Aranjuez. Su diseño se basa en líneas horizontales, vanos adintelados y portadas discretamente resaltadas, con una decoración muy limitada. En este caso, la sencillez también responde a una arquitectura en la que la funcionalidad y la proporción tienen mayor importancia que el adorno. Actualmente, el edificio forma parte de las dependencias universitarias de Aranjuez.

En la manzana de al lado se encuentran las antiguas cocheras de la Reina Madre, construidas en 1758 por orden de Fernando VI para Isabel de Farnesio. Diseñadas por Jaime Marquet, sirvieron como cocheras reales y posteriormente tuvieron otros usos, entre ellos oficinas de la Real Yeguada y el colegio María Cristina. En 1814 fueron reconstruidas por González Velázquez.

El edificio se organiza alrededor de dos patios y destaca por sus grandes vanos simétricos y sus líneas horizontales, características del urbanismo de Aranjuez. Desde 1992 funciona como Centro Cultural y sede de la Universidad Felipe II. Muy cerca se alza el Palacio de Medinaceli, conocido también como casa de Carmena, que ocupa una manzana completa y fue construido en 1773 por los Duques de Medinaceli como residencia familiar. De estilo neoclásico, sigue el modelo de arquitectura palaciega característico de Aranjuez, con una construcción sobria y escasamente ornamentada.

Su fachada destaca por la sencillez de sus formas, mientras que la entrada principal, de acceso adintelado, conduce a un zaguán que da paso al patio interior. El edificio se organiza en torno a un patio cuadrado, siguiendo la distribución tradicional de las manzanas del casco histórico. En la parte posterior se encontraban las antiguas caballerizas, junto a un espacio ajardinado que completaba el conjunto. Actualmente, el inmueble ha perdido su función original y se encuentra dividido en diferentes viviendas.

La conocida Casa Grande constituye otro de los edificios históricos de la ciudad. Su tamaño y relevancia la convirtieron durante siglos en uno de los inmuebles más destacados del casco urbano. La ruta continúa por la emblemática calle del Príncipe, una de las vías más destacadas de Aranjuez y la más barroca de la ciudad. Forma parte del Tridente Oriental y ofrece una amplia perspectiva hacia el Palacio Real. En su recorrido encontramos edificios históricos como el Palacio de Godoy, el Palacio de los Duques de Osuna, la Casa del Nuncio y la Casa de Montesinos. También destaca la iglesia de Alpajés, de estilo clasicista y dedicada a Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Aranjuez.

Esta iglesia es una de las pocas construcciones religiosas históricas que se conservan en Aranjuez. Fue levantada a finales del siglo XVII, durante el reinado de Carlos II, siguiendo el proyecto de Cristóbal Rodríguez de Xarama. Su origen es anterior al actual trazado urbano de Aranjuez, ya que pertenecía al antiguo núcleo de población de Alpajés, que con el tiempo quedó integrado en la ciudad.

El templo presenta un estilo clasicista propio de la arquitectura madrileña, caracterizado por la combinación de ladrillo y piedra de Colmenar. Su planta de cruz latina se completa con una cúpula sobre tambor y linterna, siguiendo modelos de tradición jesuita. Durante el siglo XVIII, Santiago Bonavía y Alejandro González Velázquez realizaron algunas intervenciones en su interior, aunque actualmente apenas quedan restos de ellas.

Más adelante se encuentra el palacio de los Duques de Osuna, proyectado por Santiago Bonavía para Farinelli, famoso cantante y uno de los personajes más cercanos a Fernando VI y Bárbara de Braganza. Posteriormente pasó a manos de los duques de Osuna, que encargaron su ampliación a Juan de Villanueva. El edificio, de estilo neoclásico, presenta una arquitectura sobria y horizontal, con dos plantas, una portada de piedra y un original patio semicircular. En uno de sus laterales todavía pueden verse los antiguos accesos a las caballerizas. Un poco más adelante se encuentra la Casa del Nuncio, construida en el siglo XVIII para alojar al representante del Papa en Aranjuez. Su fachada no podía mostrar escudos nobiliarios por orden de la Corona, como muestra del poder y autoridad real. Actualmente, el edificio se utiliza como espacio para reuniones.

Adosado se encuentra el célebre Palacio de Godoy, residencia relacionada con Manuel Godoy, favorito del rey Carlos IV, cuyo acceso conserva un elegante pórtico neoclásico diseñado por Juan de Villanueva y que actualmente forma parte de un colegio. Su historia cobra especial protagonismo durante las Fiestas del Motín, de Interés Turístico Nacional, cuando se representa el conocido “Asalto a la Casa de Godoy”, recreando los acontecimientos que provocaron la caída del valido del rey (es decir el mismo Godoy), la abdicación de Carlos IV y la llegada de Fernando VII al trono. Este palacio forma parte del grupo de edificaciones que fueron levantadas por familias aristocráticas que acompañaban a la corte durante sus estancias en Aranjuez, siguiendo, como ya hemos comprobado, el trazado y la estética uniforme que caracterizaba al Real Sitio.

En esta misma zona, en la plaza que lleva su nombre, puede verse el busto de Santiago Rusiñol, realizado por Sixto Alberti en el año 1951, mediante el sufragado realizado por los vecinos de Aranjuez mediante una suscripción popular. De esta manera la villa rinde homenaje al escritor y pintor catalán que en el siglo XX inmortalizó en numerosas pinturas suyas los jardines de Aranjuez, lo que contribuyó a la popularización de sus paisajes. El busto y el pedestal, de nuevo gracias a la campaña de los vecinos para recoger firmas, fue retirado en 2012 para una profunda restauración, para volver a colarse aquí en el año 2020.

Cerca queda el río Tajo, donde desde un embarcadero es posible subirse en el Curiosity, una embarcación turística que permite contemplar desde el agua algunos de los paisajes más característicos del Real Sitio. Durante la travesía por el río Tajo, los amplios ventanales de la embarcación permiten contemplar cómodamente tanto el paisaje fluvial como algunos de los rincones monumentales más representativos de Aranjuez. Para garantizar una experiencia agradable en cualquier época del año, el barco dispone de sistemas de climatización con aire acondicionado y calefacción. Además, está equipado con pantallas audiovisuales que facilitan la realización de explicaciones, actividades didácticas o presentaciones durante el recorrido.

Tras desembarcar, si ahora ponemos dirección al Jardín del Príncipe, pasaremos por la calle de la Reina, donde cada domingo de 10h a 14h tiene lugar un mercado vintage. Alrededor de 20 puestos invitan a realizar un viaje al pasado entre objetos cargados de historia y recuerdos de otras épocas. En ellos es posible encontrar antiguos tebeos, sellos, cromos y una gran variedad de piezas de coleccionismo, junto a artículos de segunda mano que conservan su aspecto original o que han sido cuidadosamente restaurados para devolverles todo su encanto.

Nuestra ruta por esta villa de Aranjuez culmina en el extraordinario Jardín del Príncipe, el mayor de todos los jardines históricos de Aranjuez. Este inmenso espacio verde reúne avenidas arboladas, rincones paisajísticos y numerosos elementos monumentales que convierten su visita en una de las experiencias más memorables de la ciudad. En su interior destaca la refinada Casa del Labrador, un pequeño palacio concebido como lugar de recreo para la familia real y considerado una auténtica joya del neoclasicismo español. También se encuentra el museo de Falúas Reales, donde se conservan las embarcaciones utilizadas por los monarcas para navegar por el Tajo.

Finalmente, el itinerario puede concluir en el Jardín de la Isla, el más antiguo de los jardines históricos de Aranjuez. Rodeado por las aguas del Tajo y adornado con fuentes monumentales, esculturas y una cuidada vegetación, constituye uno de los espacios más evocadores del conjunto monumental y el lugar perfecto para despedirse de una ciudad donde naturaleza, arte e historia conviven en perfecta armonía.

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