SITIO ARQUEOLÓGICO DE OLIMPIA (ΑPXAÍA ΟΛUMΠÍA)

DONDE NACIERON LOS JUEGOS OLÍMPICOS


Nada más adquirir los boletos de acceso y caminar unos pocos pasos, lo primero que nos encontramos a nuestra derecha es el Gimnasio antiguo (Αρχαίο Γυμνάσιο Ολυμπίας) que, en comparación con otras partes del Santuario, se construyó bastante tarde, en época helenística. Se trataba de un gran edificio rectangular de 120 por 220 metros, con un patio central cerrado por una columnata, en el cual tenían lugar los entrenamientos de carreras a pie, lanzamiento de jabalina y de disco. En la esquina sureste se añadió, a finales del siglo II a.C., un vestíbulo monumental o “Propylon”, cuyo entablamento estaba sostenido por columnas corintias. Es difícil ver las dimensiones reales de este gimnasio, en la actualidad sólo vemos los restos del ala este, ya que en el ala oeste fue arrastrado por el río Cládeo.

Al otro lado de la vía, se encuentran los restos de la Kronion Thermae (Θέρμες Κρονίου). Se trata de un complejo de edificios con un baño datados entre los siglos II a.C. y V d.C., por lo tanto, cuenta con muchas fases arquitectónicas, además de haber tenido diferentes funciones. Sobre el patio central y los baños de la época helenística, se construyeron en la era romana unas salas con impresionantes mosaicos. El complejo fue destruido por un terremoto a finales del siglo III d.C., siendo su última reparación en el siglo V d.C. Durante ese período la Kronion Thermae funcionó como un lugar para actividades agrícolas.

Cerca se sitúa el Prytaneion (Πρυτανείο Αρχαίας Ολυμπίας) del siglo V a.C. Este edificio de planta rectangular ha sido restaurado en varias ocasiones a lo largo de su historia. En origen era la sede de los dignatarios del santuario (prytaneis), que se encargaban de los sacrificios que se realizaban en los altares. En su interior también albergaba el altar de la diosa Hestia, donde se mantenía encendida la sagrada y eterna llama. Era aquí donde los invitados de honor y los visitantes de los Juegos Olímpicos antiguos eran recibidos y agasajados.

Ya desde aquí vemos que comienza a discurrir un muro bajo, dentro del cual se extiende el Altis, recinto sagrado y núcleo del santuario, que contiene templos, edificios de culto y tesoros. El Altis estaba rodeado por un períbolos o muralla, que a finales del siglo IV a. C., tenía tres puertas en su lado oeste y dos en el sur y limitaba al este con la Echo Stoa, que separa el recinto sagrado del estadio. En época romana se amplió el recinto amurallado y se crearon dos accesos monumentales en su lado oeste.

Seguimos nuestro paseo y vemos, ya dentro del Altis, la forma circular del Filipeo (Φιλιππεῖον) de finales del siglo IV a.C. El edificio, de orden jónico, fue donado por Filipo II de Macedonia tras haber conseguido la victoria en la batalla de Queronea en el 338 a.C. Consistía en una columnata jónica exterior con forma de abanico totalmente circular, mientras que el muro interior de la cella estaba dividido en semicolumnas de orden corintio. Fue terminado por su hijo, Alejandro Magno, quien mandó decorar su interior con los bustos de sus antepasados, obras de arte atribuidas al escultor ateniense Leocares.

En la esquina noroeste del recinto sagrado de Altis, en la ladera sur de la colina Kronios, protegido por un poderoso muro, nos encontramos con el templo de Hera (Ναός της Ήρας), construido a finales del siglo VII a.C., por lo que se trata del más antiguo del santuario (y de Grecia) y uno de los mejores ejemplos de la arquitectura dórica arcaica en un templo. Fue dedicado al santuario olímpico por los habitantes de Skillous, una antigua ciudad de Eleia. El edificio, que fue reformado en numerosas ocasiones, posee unas medidas de 50 por 18,75 metros y 7,80 de altura y tiene un característico aspecto achatado debido a su gran longitud en proporción con su anchura y su escasa altura. Era un templo hexástilo períptero dórico con seis columnas al frente y dieciséis a los lados.

Originalmente contaba con columnas de madera que se fueron reemplazando gradualmente por otras de piedra que pertenecen a todos los períodos, desde el Arcaico hasta la época romana, mostrando así todo el desarrollo del estilo dórico. Las columnas tenían cavidades poco profundas donde se colocaban retratos pintados de los ganadores de los juegos de Heraia. La parte inferior del templo era de piedra caliza, mientras que la superior era de adobe. El entablamento era de madera con revestimiento de terracota y tejas de terracota, por su parte el acroterio central circular, también de terracota, era de 2,3 metros de diámetro, contando con una impresionante decoración pintada.

El templo estaba dividido en tres cámaras: pronaos, cella y opistódomo (espacio situado en la parte posterior). La cella, a la que se accedía por el pronaos por una puerta doble de 2,90 metros de ancho, estaba dividida longitudinalmente por dos hileras de columnas dóricas. Cada segunda columna estaba encajada en un muro transversal interno, los cuatro muros transversales contenían cinco nichos. Sobre un pedestal en el extremo más alejado de la cella se encontraban las estatuas de culto de Zeus y Hera: aquel primero estaba representado de pie junto a la diosa, que estaba sentada en un trono (la cabeza de piedra arcaica de Hera expuesta en el Museo Arqueológico de Olimpia se atribuye a este grupo). Aquí era donde las dieciséis mujeres nobles de Elean que organizaban los juegos de Heraian, depositaban un nuevo peplo tejido para la diosa cada cuatro años.

Se sabe que en el interior del templo se encontraba el Disco de Ifitos en el que estaba inscrita la tregua olímpica, mientras que en el opistódomo se encontraban el Arcón de Kypselos realizado en madera, oro y marfil, y decorado con escenas mitológicas, y la Mesa de Kolotes en la que se exhibían las coronas de olivo silvestre de los vencedores olímpicos. En época romana también contuvo el famoso Hermes del escultor Praxíteles.

Solo el sótano del templo con sus enormes ortostatos (bloques rectangulares de piedra que se incluían en la parte inferior de un muro, encima de los cimientos de los sillares) y la parte inferior de las columnas son visibles in situ actualmente. En el museo se exhiben fragmentos del entablamento de terracota y la acrotera central. A pocos metros, mirando hacia el frente del templo de Hera, se encuentra el altar de Hera, donde tiene lugar el encendido de la Llama Olímpica que marca el inicio oficial de los Juegos Olímpicos contemporáneos. Esta ya icónica ceremonia comenzó en 1936 para las Olimpiadas de Berlín.

Sin duda la llama olímpica es el símbolo más poderoso del movimiento olímpico, ya que no sólo representa las virtudes de la competición deportiva moderna, sino que también tiene un vínculo con la antigüedad. Según el ritual, la Suma Sacerdotisa, acompañada por un grupo de sacerdotisas, procede al encendido en el altar. Aquí, ella invoca a Apolo, el dios de la luz, para que envíe los rayos del sol para poder así encender la antorcha. La llama olímpica casi siempre se prende en unos pocos segundos, después de colocar la antorcha en el centro de un espejo cóncavo. En la tradición moderna, la Sacerdotisa Principal pasa la llama al primer portador de la antorcha y luego comienza el relevo de la misma que recorrerá parte del mundo y terminará unos meses después en el estadio olímpico de la ciudad anfitriona.

Justo al lado, adosada a la colina, se situaba un ninfeo (Νυμφαίον) del siglo II d.C. Se trata de una fuente-acueducto monumental que fue donado por Herodes Ático y su esposa Regila al santuario ya que, hasta entonces, sufría de escasez de agua potable. Los nichos del edificio semicircular de dos pisos estaban adornados con estatuas de Herodes Atticus, de los emperadores Antoninus Pius, Adriano, Marcus Aurelious y otros miembros de sus familias, mientras que la zona baja contaba con caños de agua que depositaban el líquido en una primera piscina, la cual estaba separada de un estanque más bajo mediante un muro del que también manaban caños de agua y que estaba decorado con un toro de mármol donado por Regilla. Esta parte más baja del ninfeo tenía una piscina alargada, en cuyos extremos había dos templos circulares con esculturas. Desde el muro de esta última alberca el agua salía de nuevo por caños a un canal al nivel del suelo.

Delante de esta fuente monumental vemos los restos de un edificio prehistórico datado entre los años 2150 y 2000 a.C. Fueron W. Dorpfeld y F. Weege quienes en 1908 descubrieron una serie de edificios absidales pertenecientes a un asentamiento prehistórico. Las casas absidales tenían cimientos de piedra, datando de una fase tardía del período Heládico Reciente III. La casa absidal II, que contenía muchos hallazgos, es la que estamos viendo hoy en día. Entre ellos había muchos jarrones con motivos decorativos incisos extranjeros que mostraban una conexión con la cultura de Cetina de la costa dálmata.

Muy cerca se encuentran los restos del Metron (Μητρώον), el cual fue un templo períptero dórico, con seis columnas en los frentes y once en los lados mayores, con unas medidas de 10,62 por 20,27 metros. Estaba dedicado a la Madre de los Dioses, Rea o Cibeles. Durante la época romana el templo fue utilizado como lugar de culto en honor a los emperadores romanos y la cella se decoró con sus estatuas (algunas de ellas se exhiben en el museo de Olimpia). Al norte del Metron y discurriendo hacia el este se sitúan la terraza de los Tesoros, en la que se suceden pequeños edificios con forma de templo, que fueron construidos por colonias griegas, exceptuando dos edificios, para depositar valiosas ofrendas votivas y donativos. De los doce tesoros edificados solo se han identificado diez, que son: los de Sición, Siracusa, Epidamno, Bizancio, Síbaris, Cirene, Selinunte, Metaponto, Mégara y Gela.

Delante de aquellos, y antes de cruzar el pasaje del estadio, se reparten las bases de Zanes (forma plural del nombre Zeus) datados entre los siglos IV-I a.C. Los Zanes eran estatuas de bronce de Zeus colocadas en las dieciséis bases supervivientes que vemos hoy. Se erigieron con las multas impuestas a los deportistas que cometieron el delito de trampa. Las inscripciones en las bases nombran al atleta y la naturaleza de la infracción, por la cual fue sancionado. La posición de los Zanes en el camino al estadio fue una advertencia para todos los competidores.

Y así llegamos a la entrada monumental o Krypte, el pasadizo arqueado que era el acceso al estadio de Olimpia (Στάδιο Αρχαίας Ολυμπίας), el cual está situado al este del recinto sagrado de Altis. El estadio era un lugar sagrado para los griegos, ya que aquí se celebraban los antiguos Juegos Olímpicos dedicados a Zeus y los Heraia, los juegos femeninos en honor a Hera. Antes del siglo VI a.C., las carreras se llevaban a cabo en un área plana a lo largo de la Terraza de los tesoros. A mediados del siglo VI a. C., en el período Arcaico, un primer estadio se construyó al nivelar el área al sur de la colina Kronios dentro del Altis.

A finales de ese mismo siglo se creó un segundo nuevo estadio al este de su predecesor, con una pista de carreras que se extendía más allá de la terraza de los Tesoros, y la construcción de una bancada para los espectadores de tres metros de alto, a lo largo del lado sur, mientras que el lado de la colina formó un área de descanso natural. Este estadio recibió su forma final en el siglo V a.C. cuando se construyó el gran templo de Zeus. Para entonces, los Juegos se habían vuelto muy populares y atraían a un gran número de visitantes y atletas, por lo que se hizo necesario un nuevo estadio. El nuevo estadio se movió ochenta y dos metros hacia el este y siete metros hacia el norte, y se rodeó de bancadas de madera para los espectadores. A mediados del siglo IV a. C., con la construcción del Pórtico del Eco o Heptaechos, el estadio se aisló del Altis, lo que demuestra que los Juegos habían perdido su carácter puramente religioso y se habían convertido en un evento deportivo y social.

La pista que vemos hoy tiene 212,54 metros de largo y 30-34 metros de ancho. Dos marcadores de piedra, que se encuentran separados por 192,27 metros, marcan la línea de salida y la de llegada. Un desagüe de piedra alrededor de la pista se abría a intervalos, gracias a que estaban conectados con pequeños estanques donde se acumulaba el agua de lluvia. Los terraplenes no tenían asientos de piedra, a excepción de la plataforma (“exedra”) reservada para los jueces de los juegos olímpicos ("Hellanodikae") situada en la parte sur. Frente a ella, en el terraplén norte, todavía se puede ver el altar de Deméter Hamyne, cuya sacerdotisa era la única mujer a la que se le permitía presenciar los juegos. El estadio podía acomodar aproximadamente a unas cuarenta y cinco mil personas.

A finales del siglo III a. C. se construyó una entrada abovedada para los atletas, de treinta y dos metros de largo, la llamada Krypte por donde hemos accedido, y en época romana se añadió un pórtico monumental en su extremo oeste. Por otro lado, un gran número de exvotos, en su mayoría de bronce, se encontraron dentro de los pozos a lo largo de los terraplenes. Originalmente para abastecer de agua potable a los espectadores, estos pozos, que datan de la época arcaica, se utilizaron posteriormente como pozos votivos. En 2004, el antiguo estadio de Olimpia revivió su antiguo esplendor, ya que albergó el evento de lanzamiento de pesas durante los Juegos Olímpicos de Atenas.

Salimos del estadio y nos encontramos con los restos del ya mencionado Pórtico del Eco o Heptaechos, aunque también es conocido como "Poikile" (Pórtico Pintado) por su decoración interior al fresco, construido a mediados del siglo IV a.C. Se trata de un lugar famoso por su acústica, donde el sonido se repetía siete veces. Constaba de un alargado edificio con una columnata dórica exterior, al frente de cuyo pórtico se erigió el monumento de Ptolomeo II Filadelfo y de Arsínoe, que estaban constituidas por dos columnas jónicas de 8,5 metros de altura, coronadas por sus respectivas estatuas doradas.

No vamos a abandonar el Altis, sin visitar el edificio más importante de esta zona, estamos hablando del templo de Zeus (Ναός του Δία). Con unas dimensiones de 64,12 por 27,68 metros y 20,25 de altura, es el más grande del Peloponeso y el considerado por muchos estudiosos como el ejemplo perfecto de la arquitectura dórica. Fue construido por los habitantes de Elis, en la antigua Élide, en honor a Zeus, gracias al botín de la guerra de Trifilia. La construcción comenzó en el año 470 a.C. y se terminó antes del 456 a. C., cuando se colocó un bloque inscrito en el frontón este para sostener un escudo de oro dedicado por los espartanos para conmemorar su victoria bélica en Tanagra. El arquitecto del templo fue Libón de Élide, aunque se desconoce el escultor de los frontones.

El templo era hexástilo períptero con trece columnas a los lados y seis en los frentes, las cuales tenían 10,43 metros de altura y 2,25 metros de diámetro en la base. Las columnas se construyeron con piedra caliza recubiertas de estuco blanco, mientras que sólo las esculturas del frontón, las tejas y los caños con forma de cabeza de león eran de mármol. El templo se componía de un pronaos, cella y opistódomo; en el suelo del pronaos se encontraron los restos de un mosaico helenístico con representaciones de tritones. Frente al pronaos hay un pequeño espacio rectangular pavimentado con losas hexagonales de mármol donde se coronaba a los vencedores. La cella estaba dividida en tres naves por dos filas dobles de siete columnas. En el otro extremo, ocupando todo el ancho de la nave, se encontraba la estatua criselefantina de Zeus, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo, creada por Fidias alrededor del 430 a.C.

La estatua, que se cree que tenía más de doce metros de altura, además de ser descrita por Pausanias, se encuentra representada en monedas antiguas: Zeus está sentado en un magnífico trono de madera de cedro con incrustaciones de marfil, oro, ébano y piedras preciosas, decorado con escenas mitológicas en relieve. Sostenía un cetro sobre el que se posaba un águila en la mano izquierda y una Victoria alada en la derecha. Las partes descubiertas de la estatua eran de marfil, mientras que la túnica estaba recubierta con oro. Visitantes como el general romano Aemilius Paulus, el vencedor de Macedonia, quedaron asombrados por la majestuosidad divina de la escultura. Después de la abolición de los Juegos Olímpicos, la estatua fue llevada a Constantinopla donde fue destruida en un incendio en el 475 d.C.

La opulenta decoración escultórica del templo es un buen ejemplo del Estilo Severo o estilo Arcaico Final. El frontón este representaba la carrera de carros entre Pélope y Enómao, presidida por Zeus, señor del santuario, cuya figura dominaba la composición. El frontón occidental representaba la batalla de los lápitas y los centauros, dispuestos en torno a la figura central de Apolo. Las doce metopas, seis en cada extremo sobre la entrada al pronaos y al opistódomo, representaban los Trabajos de Hércules, hijo mítico de Zeus. En época romana, las metopas sin decoración de las fachadas estaban colgadas con veintiún escudos de bronce dorado dedicados por el cónsul Lucio Mumio para conmemorar su victoria sobre los griegos en el Istmo (146 a. C.). Coronando el frontón este había una victoria dorada del escultor Peonio, mientras que las esquinas-acroteras tenían forma de calderos dorados.

El templo fue incendiado por orden de Teodosio II en el año 426 d. C., dejándolo muy dañado por el fuego, pero fue finalmente destruido por los terremotos de 551 y 552 d. C. Se han restaurado partes de la decoración escultórica y las piezas que conformaban los frontones, algunas metopas y otros elementos, se exhiben ahora en el Museo Arqueológico de Olimpia. Faltan algunas metopas que fuer fueron retiradas y llevadas a París por la expedición francesa de 1829 y en la actualidad se encuentran expuestos en del Louvre de dicha ciudad.

Hacia el este del templo podemos ver una base triangular del siglo V a.C., sobre la cual se encontraba la estatua de la Victoria alada, realizada por el famoso escultor Peonio. La base medía 9 metros de alto, y si se combinaba con la estatua, daba como resultado 12 metros de altura total. En el anverso de la base había una inscripción votiva (ahora expuesta junto con la estatua de la Victoria en el Museo de Olimpia) informando sobre la victoria triunfal de los mesenios y naupactios, los donantes de la estatua al Santuario, sobre los espartanos en el 421 a.C. En la parte inferior de la base, los mesenios grabaron una inscripción posterior hacia el año 135 a.C.

Hacia el norte, situado entre los templos de Hera y Zeus, se encuentra el Pelopio, pequeño montículo artificial donde se rendía culto al héroe Pélope en la antigüedad. En la época clásica se añadió un recinto pentagonal con una entrada o propileo en la esquina suroeste. El montículo estaba formado por un montón de cenizas y tierra, sobre el cual cada año un carnero negro era sacrificado en honor al héroe mitológico Pélope. Este pequeño montículo era parte de un gran túmulo prehistórico anterior que tenía un diámetro máximo de 27 metros del periodo Heládico Reciente II (alrededor del 2.500 a.C.) y que por aquel entonces estaba encerrado por una hilera circular de piedras. Al norte y este de Pelopio se han localizado vestigios de casas absidales del periodo Heládico Reciente III (2.300 - 2.000 a.C.), actualmente no visibles.

Volvemos a la parte sureste del santuario de Olimpia para ver los restos del llamado edificio sureste, que incluye la llamada Casa de Nerón (Οικία του Νέρωνος) y un complejo termal denominado Octágono. Se trata de una villa construida con un patio peristilo, muchas habitaciones, jardines y un lujoso baño que, como decimos, es conocido como el "Octágono", y cuyos mosaicos y techos abovedados aún se conservan bien en la actualidad. En el siglo I. d.C. el edificio había reemplazado al Santuario de Hestia, así como a otros edificios de la época clásica (siglos V-IV a.C.). Posteriormente se acomodó para ser la residencia temporal del emperador Nerón, quien había vivido en el Santuario durante su participación en los Juegos Olímpicos del 67 d.C. Durante el siglo III. d.C. el Edificio Sureste volvió a ser objeto de reformas.

En la parte sur del Santuario, y ya fuera del Altis, se encuentra el Bouleuterión (Βουλευτήριον) que fue construido entre los siglos VI y V a.C. Se trató de un edificio compuesto por un cuadrado central con patio (donde se encontraba la estatua y altar del amenazante Zeus Horkios, es decir “Zeus Vengador”, a quien jueces y atletas debían mirar a los ojos y jurar por un juego limpio), flanqueado por dos naves absidales. Aquí era donde, por un lado, se reunía el Senado de Élide (quienes organizaban los juegos) y los hellanodikai (árbitros), y donde los atletas se registraban y tenía lugar el sorteo para definir el orden de los contrincantes; por otro lado, aquí tenían lugar las reuniones del Consejo Olímpico, donde se oía y se resolvían las denuncias presentadas contra jueces y atletas por irregularidades cometidas durante el desarrollo de los juegos. En el siglo V a.C. se le añadió un pórtico jónico que discurría por todo el lado este del complejo.

A poco pasos, y formando el límite austral del Santuario, se sitúa la Stoa o Pórtico Sur (Νότια Στοά) del siglo IV a.C. Se trataba de una construcción alargada con una columnata dórica interior y otra corintia exterior, cuyos capitales podemos ver todavía hoy. El edificio está cavado en parte, aun queda por explorar la zona occidental del pórtico.

Al suroeste encontramos el Leonideo (Λεωνιδαίο), gran edificio casi cuadrado de 75 por 81 metros, construido a finales del siglo IV a.C., concretamente hacia el 330 a.C. Su nombre proviene de su mecenas y arquitecto Leónidas de Naxos. Servía de hospedería para los huéspedes distinguidos, visitantes oficiales y para los atletas. Las salas se distribuían en dos pisos, entre un patio interior con peristilo, cuyas columnas eran de orden jónico, y una columnata exterior de 138 pilares de 5,55 metros de altura de orden dórico. En la época romana, el patio central se convirtió en una piscina al aire libre. Al otro lado de la calle, al este del Leonideo, se encuentran los restos de los Baños Meridionales, construidos en época romana, alrededor del año 100 d.C.

Seguimos avanzando hacia el norte, donde se encuentra el taller de Fidias (Εργαστήριο Φειδία), edificado en el tercer cuarto del siglo V a.C. Este edificio rectangular oblongo fue el lugar donde el renombrado escultor ateniense modeló la colosal estatua criselefantina de Zeus hecha con oro y marfil, una de las siete maravillas del mundo antiguo que, como ya vimos, estuvo en el interior del cercano templo de Zeus. En el taller se encontraron muchos objetos utilizados para la elaboración de esa estatua de culto del dios, como moldes de terracota de los pliegues de la ropa, herramientas, etc., además de una jarra de vino con una inscripción en griego que dice “pertenezco a Fidias”. En el siglo V, el auge del cristianismo hizo que el edificio se modificara para convertirse en una basílica paleocristiana.

Cerca se sitúan los baños griegos (Ελληνικά Λουτρά) construidos entre los siglos V – I a.C., y las termas de Cládeo de entre los siglos II y III d.C. El origen de aquellos se encuentra en el siglo V a.C. cuando se construyeron los baños con piscina al aire libre cerca del río Cládeo, los primeros de Olimpia. El recinto se amplió alrededor del año 300 a.C., y posteriormente, alrededor del año 100 a.C., se equipó con salas con sistema de hipocausto para calentarlas. En época romana, cerca de estos baños se construyeron las llamadas Kladeos Thermae o Termas del Oeste. Algunos de los impresionantes pisos de mosaico del edificio aún se conservan bien en la actualidad.

Frente a los baños, y cerca del Taller de Fidias, se encuentra el Heron de Olimpia: el culto a los héroes era una parte importante del culto religioso grecorromano y normalmente se creía que los huesos de un héroe se guardaban en templos como el que vemos aquí. Inicialmente se construyó durante la primera fase de los baños griegos, como una sala de sudoración que equivale a nuestra actual sauna, convirtiéndose en Heroon en la era helenística y romana. El modesto edificio consta de dos habitaciones, contando al norte con una estructura circular (tholos) de unos 8 metros de diámetros que debió ser el espacio principal de la anterior sala de vapor. Aquí se encontró un altar muy pequeño de 54 centímetros hecho de ceniza y barro, con una inscripción dedicada al héroe. El muro cuadrado que rodeaba el tholos habría soportado un techo piramidal y, según el escritor de viajes griego Pausanias, en la misma sala existía un altar dedicado al dios Pan.

El recorrido por la Antigua Olimpia termina en la Palestra (Παλαίστρα), situado frente al gimnasio, con el que se comunicaba con una pequeña puerta. Este gran edificio rectangular de 120 por 122 metros fue construido en el siglo II a.C. En el patio central, rodeado por una columnata dórica de 72 pilares, los boxeadores, luchadores y saltadores entrenaban, igualmente aquí se practicaba la carrera a pie, el lanzamiento de jabalina y el de disco.

Como ocurría en el antiguo Gimnasio, la palestra también contaba con salas interiores de varios tamaños, donde los atletas preparaban sus cuerpos y mentes antes de sus extenuantes rutinas, como untarse de aceite de oliva y polvo fino el cuerpo, práctica que debió tener su origen en un ritual, ya que su propósito sigue siendo bastante incierto. Finalizado el entrenamiento, aquí también se frotaban la piel con una herramienta conocida como estrígil, para eliminar los restos de aceite y arena pegados al cuerpo. En el siglo II a.C. se añadió un vestíbulo monumental o propileo en la esquina sureste. En la actualidad se pueden ver partes inferiores del edificio, así como 32 columnas restauradas, de las 72 originales, del patio principal. La parte norte del edificio aún está sin excavar.

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