SITIO ARQUEOLÓGICO DE OLIMPIA (ΑPXAÍA ΟΛUMΠÍA)

EXHIBICIÓN DE LOS HALLAZGOS EN EL RECINTO SAGRADO


El primer museo de Olimpia estuvo alojado en un edificio situado al noroeste del sitio arqueológico, siendo construido en estilo neoclásico entre 1883 y 1887 para exponer los tesoros desenterrados en el Santuario de Zeus que se fueron encontrando durante varias décadas. Por tanto, es el primer museo griego que se construyó fuera de la capital, Atenas. El plano de aquel museo fue realizado por dos alemanes, Friedrich Adler y Ernst Curtius, quienes, por otro lado, comenzaron oficialmente las excavaciones en el año 1875. En la supervisión de la exposición también participó Wilhelm Dörpfeld, responsable de la inspección de aquellas excavaciones.

El actual edificio fue construido gracias a una donación del banquero y benefactor Andreas Syngros. En 1953 una serie de terremotos causaron muchos daños a aquel museo, además, debido al progreso de las excavaciones donde se iban encontrando más y más piezas, se hizo necesario levantar un nuevo museo más grande. El edificio antiguo siguió funcionando, pero simultáneamente, a finales de la década de 1950, se comenzaron los trabajos de construcción del actual museo que siguió la planta rectangular de aquel, según proyecto del arquitecto Patroklos Karantinos, terminándose a principios de los años setenta del siglo XX, aunque el traslado de antigüedades se hizo progresivamente, por lo que necesitó su tiempo. Finalmente fue inaugurado en 1982 por la ministra de cultura de entonces, Melina Mercouri.

El antiguo edificio estuvo en desuso durante unos años, hasta que en 2004 fue convertido en el Museo de la historia de los Juegos Olímpicos, mismo año en que el nuevo Museo Arqueológico de Olimpia fue renovado y las colecciones reubicadas con motivos de los Juegos Olímpicos de Atenas. Éste se encuentra precedido por un patio cuadrado con peristilo, en el cual se exponen diferentes elementos arquitectónicos y estatuas, como el torso de una escultura colosal de Augusto procedente del Metron. Tras acceder al interior, desembocamos primero en un vestíbulo donde se encuentra una maqueta con la reconstrucción del sitio Arqueológico de Olympia. Desde aquí, al frente ya podemos ver la gran sala central, alrededor de la cual se reparten once galerías, pero el recorrido está ideado para hacerlo en orden cronológico, de tal manera que empezamos con la situada a nuestra izquierda, la sala 1, dedicada al período prehistórico de Olimpia.

En esta galería se exponen, entre otros, cerámica y herramientas de piedra, que abarcan desde el neolítico, alrededor del 4000-3000 a. C. hasta el periodo geométrico, siglo VIII a. C., aunque en su mayoría son de los períodos Heládico temprano II y III (2700-2000 a. C.). Aquí también se exhiben los hallazgos del túmulo de Pélope, del que se muestra un modelo. Los objetos y joyas de terracota, piedra y bronce procedentes de las tumbas de “tholos” ilustran el período micénico (1600-1100 a.C.).

De excepcional importancia son un grupo de láminas de bronce hitita-asirio del norte de Siria y que fueron descubiertas en 1960 en el estadio de Olimpia, las cuales son, probablemente, del siglo VIII a.C. Presentan representaciones en relieven realizados mediante la técnica del martillado. En ellas se representa temas populares asirios: dioses, procesiones, caballos, sacerdotes que llevan animales al sacrificio, etc. Aunque daten del siglo VIII a.C., estas láminas fueron reutilizadas en Grecia probablemente en el segundo cuarto de siglo VII a.C., para la ornamentación de la ropa de una estatua femenina. En aquella época las láminas asirias se unieron a otras realizadas posteriormente que fueron decoradas por artistas griegos con representaciones incisas de hoplitas, animales y ornamentos foliares.

La siguiente, la sala 2 está dedicada a los períodos Geométrico (del 900 hasta el 700 a. C) y Arcaico (del siglo VIII a.C. hasta el siglo V a.C.). Aquí se exponen parte de la gran colección de exvotos de bronce a Zeus, no en vano, es la colección más rica de su tipo en el mundo. Figurillas antropomórficas y de animales (sobre todo toros y caballos), placas de bronce martilladas, calderos, varios otros tipos de vasijas e instrumentos, grifos y esfinges, todos ellos exquisitos ejemplos de trabajo en bronce, ilustran la riqueza y el esplendor de Olimpia durante este período que iremos viendo a continuación.

El gran altar de Zeus, del cual no queda hoy rastro alguno, se situaba entre el Metron y el Pelopio y, según el viajero Pausanias, se trataba de un altar con forma circular. Poseía una prótesis o próthesis (acto de exposición del cuerpo de una persona a la que se homenajea) consistente en una base con una circunferencia de unos 37 metros, sobre la cual se encontraba el altar propiamente dicho que se había ido cubriendo con las cenizas de los animales sacrificados, cuya altura se calcula llegó a tener unos 7 metros. El cuarto día de los Juegos Olímpicos se realizaba el gran sacrificio de cien bueyes (la hecatombe) en el que se quemaban los muslos de los animales encima del altar. En la espesa capa de ceniza del altar, que se extendía en un amplio radio a su alrededor, los excavadores sacaron a la luz una enorme cantidad de exvotos de los fieles probablemente de la época del Geométrico Tardío (760-700 a. C.), consistentes en figurillas de arcilla y bronce.

Las figuras de bronce fundido macizo datan entre los siglos VIII y VII a.C.: las de animales simbolizan la reproducción, mientras que las de los guerreros se utilizaban como accesorios para los mangos de los calderos. Estos últimos se representan con las manos derechas levantadas, en la que sostenía una lanza, y en la izquierda sujetaban las riendas de un caballo, mientras que sus cinturones decorados con círculos, enfatizaban su carácter guerrero.

Entre las figuras de arcilla, encontramos algunas que representan a una deidad femenina que porta una diadema en la cabeza y que es identificada con la diosa Hera o alguna otra deidad de la fertilidad. Las figuras del tipo Zeus guerrero están asociados exclusivamente con el santuario, ya que no se han encontrado otras similares en ninguna otra región de Grecia. Originalmente portaban toda la panoplia, pero a partir del siglo VIII a.C., se limitó a representarlos con sólo el casco que llevan sobre la cabeza. Otras figuras, la del "tipo Kouros" representan a hombres desnudos que se identifican como los vencedores en los juegos.

En el centro de la sala podemos ver unas de las piezas más raras y valiosas de las diferentes obras de bronce martilleado: el busto de una figura femenina alada, cuyos ojos son incrustaciones de hueso, datado en el 590-580 a.C. Se trata de un buen ejemplo de la técnica temprana de estatuas de bronce, las cuales estaban hechas a base de láminas martilleadas y clavadas a un núcleo de madera. No se sabe si esta figura femenina alada formaba parte de una estatua o simplemente es un busto. Se cree que podría representar a un ser divino o quizás a uno demoníaco: Artemisa, Nike o una Esfinge. Por sus características fue realizado en algún taller de una isla jónica o de uno de Laconia (región al sudeste del Peloponeso) de algún artista jónico.

Justo a la espalda de aquella, se expone una gran cabeza de león de bronce, realizado con la técnica del martillado a partir de una chapa gruesa, una de las obras de su tipo más grandes y mejor conservadas, aunque se ha perdido el material incrustado a modo de ojos. En cuanto a su función, hay expertos que señalan que, como muestran los dos agujeros situados en la parte posterior, la cabeza estuvo fijada a un escudo votivo de tamaño mucho mayor de lo normal, mientras que otras voces indican que pertenecía a la decoración arquitectónica de un edificio. Importado de Oriente, la obra pertenece a la tradición hitita tardía, pero también presenta ciertos rasgos asirios, por ello está datada en el siglo VIII a.C.

Aquí también se exponen calderos y diferentes partes de bronce de éstos como mangos, prótomos zoomorfos de los bordes o accesorios como figuras aladas. Pero nosotros vamos a destacar un caldero que constituye un raro ejemplo completo datado en la primera mitad del siglo VII a.C. Su borde estaba decorado con seis prótomos (griego antiguo προτομή, protomé, “parte anterior”, “busto”): tres leones alternados con tres grifos, de los cuales sólo se conservan dos cuellos de león y un grifo. El caldero y las figuras aladas proceden de Oriente (hitita tardío), mientras que los prótomos de los leones y los grifos fueron realizados en un taller griego. Perteneciente a este caldero podemos ver al lado un prótomo completo de león que ocupa un lugar destacado en la historia de las primeras representaciones griegas de este animal, cuyo aspecto recuerda la pintura de las vasijas corintias con clara influencia oriental. Debajo del caldero se expone un soporte del siglo VIII a.C. con profusa decoración en relieve, también basado en esquemas orientales, que no pertenece a este caldero, sino a otro similar.

En esta sala también se exponen placas de broce, de las que nos llamó la atención una grande en relieve que es el único de su tipo que se conserva completo en el arte griego antiguo. Esta pieza, que se hizo entre los años 630-620 a.C. en un taller corintio, estaba originalmente clavado a una estructura de madera, quizás de algún elemento arquitectónico. En la placa se representa a una hembra de grifo amamantando a su cría, por lo que es destacable esa transformación de un ser terrible de Oriente en una figura "humanizada" que cuida a su bebé. Los detalles están representados con finas incisiones y puntos, mientras que el ojo tenía incrustaciones de marfil.

También hay ejemplos de láminas de bronce del período arcaico que tratan diferentes temas. Entre otros, se expone una placa en la que se muestran a dos centauros enterrando al líder de los lápitas, Céneo, mientras lo golpean con árboles arrancados de raíz, lo que hizo que muriera, puesto que, según e l mito, la inmortalidad que le otorgaron los dioses, no le salvó. Esta pieza probablemente se utilizó para revestir otro material, como así lo indican los agujeros del borde. En otra placa podemos ver tres escenas diferentes: en la parte de arriba se muestran dos héroes y una figura femenina, en medio se representa a Orestes matando a Clitemnestra, mientras Egisto intenta huir, y la parte de abajo se cuenta el secuestro de Antíope por Teseo. Esta pieza está datada alrededor del 580 a.C. y fue realizada en un taller situado en las Cícladas.

En la sala se exponen, además, en diferentes vitrinas más piezas de bronce, como los accesorios utilizados para otros utensilios de bronce (principalmente del siglo VII a.C.): se trata en su mayoría de figurillas que formaban aparte de piezas más grandes y tenían la función de soportes, accesorios o asas. En otra de las vitrinas podemos ver más estatuillas de bronce antropomórficas y zoomórficas (de entre los siglos VI y VI a.C.) que, situados en los bordes o mangos, actuaban como accesorios ornamentales de diferentes utensilios.

Igualmente importantes son las armas dedicadas a Zeus: cascos, penachos, adornos de escudos y corazas ornamentadas que aquí podemos ver. Se han encontrado cascos votivos en el sitio arqueológico por centenares, los más numerosos de los cuales son los de tipo corintio, seguidos por los ilirios y finalmente los calcídicos. Y es que los guerreros o las ciudades vencedoras en combate consagraban a Zeus sus armas y armaduras de manera simbólica, es por ello que no todas ellas estaban realizadas a escala. Era común que fueran piezas ornamentadas, incluso se grababa en ellas el nombre del donante.

Claro ejemplo de ello es una coraza o armadura de bronce del siglo VII a.C. que presenta una decoración incisa en su zona trasera: sobre los hombres se representó dos leones y dos toros, entre los que se sitúan dos esfinges y dos panteras. En la parte inferior se puede ver una procesión, en la que se representó la entrada de Apolo que sostiene una lira en el Olimpo, por ello, el hombre con barba sería Zeus, tras el cual se encuentran dos dioses. Detrás de Apolo se ven dos figuras femeninas, quienes son las Musas o las Vírgenes Hiperbóreas. Esta coraza debió pertenecer a un guerrero distinguido, quien debió encargar la obra a algún taller jónico o del Peloponeso.

También se exponen equipos defensivos típicos de un guerrero, como guardabrazos, protectores de antebrazo, protectores de abdomen y rodilleras, muchos de los cuales posee una rica decoración martillada e incisa, datando del siglo VII a.C. En uno de los expositores vemos varias rodilleras fechadas en la segunda mitad del siglo VI a.C., que constituyeron una de las características básicas del equipo defensivo de un guerrero. Sus detalles anatómicos suelen presentarse como elementos decorativos y son realizados por el artesano con una rica imaginación artística. A menudo llevan inscripciones votivas de gran valor histórico.

También vemos escudos votivos, como una hoja de bronce martillada y recortada con forma de gorgona alada demoníaca con cola de pez y patas de león, con serpientes ascendiendo en medio del cuerpo y, sobre la cabeza, lleva un asco con cimera. Esta pieza está datada en la segunda mitad del siglo VI a.C. y fue realizada en un taller de la Magna Grecia. Junto a la hoja también vemos un yelmo ilirio de bronce del 530 a.C., cuya decoración en sus láminas es única: en las mejillas tiene representados caballos y en la frente leones atacando a un jabalí. La amplia ranura que va desde la frente hasta encima de la nuca estaba destinada a sujetar la cresta.

Al lado también es destacable otra lámina a modo de escudo de la primera mitad del siglo VI a.C., martillada y recortada, que posee un medallón en cuyo interior vemos un Gorgoneion alado, desde el que salen tres alas con forma de hoz. El Gorgoneion tiene ojos de hueso con incrustaciones, pero son sus trenzas del pelo con forma de serpientes, sus cuatro dientes caninos y su lengua colgada, los elementos que realzan el carácter apotropaico de esta figura. Era uno de los temas de escudos más difundidos, estando inspirado en la cabeza de Medusa que, según el mito, convertía en piedra a quien la miraba, y por tanto al enemigo. En este espacio expositivo también se encuentran el acroterion de terracota del Heraion y la cabeza de piedra arcaica de Hera, la primera introducción del visitante a la escultura a gran escala.

La sala 2 es muy interesante, pero debemos seguir avanzando para desembocar en la galería 3, dedicada al periodo arcaico tardío y escultura arquitectónica. Aquí se exponen cerámicas, joyas y vasijas de bronce, datados de finales de la época arcaica e inicios de la clásica. En esta pequeña sala se exponen además varias obras importantes que formaban parte de otros edificios y monumentos, como el frontón del Tesoro de Mégara, la cornisa del Tesoro de Gela y la escultura de un león de una fuente.

Del Tesoro de Mégara se ha conservado partes el entablamento (en cuyo epistilo o arquitrabe está inscrito ΜΕΓΑΡΕΩΝ, “de los megarianos”) y del frontón, en el cual se representa una escena en relieve en piedra caliza de la Gigantomaquia: en ella se pueden ver cinco parejas de dioses y gigantes luchando, los cuales se encuentra fragmentados y sólo se conserva casi completa la figura del gigante situado en el centro. Este gigante se representó herido y a punto de caer al suelo bajo los golpes de Zeus, del que sólo se conserva una pierna. Los otros dioses habrían sido Atenea y Poseidón a la izquierda y Heracles con Ares a la derecha. Completa la escena, en las dos esquinas del frontón, unos monstruos marinos o serpientes. Probablemente de un taller de la Élide, esta obra está fechada a finales del siglo VI a.C. Los habitantes de Mégara colocaron un escudo conseguido en el botín de su victoria sobre los corintios.

En la pared a nuestra derecha se exhiben diferentes elementos arquitectónicos de terracota procedentes de las cubiertas de los tejados de algunos Tesoros, edificios construidos por diferentes ciudades para guardar valiosos exvotos. La mayoría de las piezas provienen del Tesoro de Gela datados en la segunda mitad del siglo VI a.C.: destaca, por su tamaño, parte del frontón de terracota pintada de aquel tesoro.

Tomando como referencia el frontón, vemos más elementos del edificio de este Tesoro: en el lateral izquierdo superior se encuentra un fragmento de una sima del frontón del prostoon; abajo a la izquierda se sitúa otra parte de una sima del frontón con ornamentación; arriba a la derecha, una acrotera anthemion (con forma de hoja de palmera) con decoración pintada en ambos lados; completa los elementos del Tesoro de Gela, en la vitrina donde se exponen diferentes lekythoi (jarrones para aceite aromático) áticos, y varios vasos para medir legumbres y cereales de uso público, una cabeza de arcilla procedente de la acrotera, y cuyo interés radica en la vivacidad de su expresión y la excepcional conservación de sus colores..

Alrededor del frontón del Tesoro de Gela podemos ver más piezas procedentes de otros Tesoros como un fragmento de una acrotera pintada, parte de una sima, un antefijo circular del Tesoro de Selinunte (asentamiento griego en la isla de Sicilia), otro decorado con la cabeza de Gorgona en relieve procedente del bouleuterión, parte de una sima de frontón del Tesoro de los Epidamnios y parte de otra de otro frontón también pintado. Por otro lado, en el centro de la sala, se expone un león de piedra caliza, hecho probablemente en un taller corintio a principios del siglo VII a.C., que seguramente fue el caño de una fuente. Su importancia está en que es una de las primeras obras de esculturas monumentales no sólo en Olimpia, sino en toda Grecia en general.

Entramos ya a la galería 4 donde se exponen las esculturas de terracotas a gran escala que datan de la segunda mitad del siglo VI al V a.C. Aunque hoy las veamos como un ente independiente, en su momento formaron parte de composiciones que adornaban las cubiertas de los edificios o los frontones, o como grupos escultóricos que eran ofrecidos como exvotos en el Santuario de Olimpia. Estas esculturas se realizaron con dos capas de arcilla: la interior es gruesa, mientras que la exterior es más fina, siendo ésta la superficie donde se trabajaban y creaban los rasgos de las estatuas. Además, este tipo de obras tienen un esqueleto interior de madera, cuya función fue la de soportar toda la arcilla y poder realizar la construcción de la estatua.

Algunas de ellas aún mantienen en buenas condiciones la variedad de colores y elementos decorativos con que se cubría la superficie, consiguiendo darles un brillo único y un gran valor artístico. Entre las obras destaca el grupo de terracota que representa a Zeus y Ganímedes de principios del siglo V a.C. que probablemente estuvo en la acrotera central de un edificio. La escena cuenta el momento en que el padre de los dioses traslada a Ganímedes de Troya al Olimpo para concederle la eterna juventud y convertirlo en copero de los dioses.

La sala también muestra un delfín de terracota saltando sobre las olas de finales del silgo V a.C. que probablemente decoró la sima de algún edificio circular. Cerca se sitúa el cuerpo de arcilla de un guerrero de principios del silgo V a.C. que mantiene trazos de los colores con que fue pintando. Probablemente esta estatua procedía de un grupo votivo.

También destaca la cabeza de arcilla de Atenea, realizada en un taller corintio a principios del siglo V a.C. Porta un casco ático y una diadema con flores de loto y probablemente estuvo situada en la acrotera central de un edificio, formando parte de una escena en la que esta diosa estaría luchando contra un gigante.

En esta galería también se pueden ver obras de bronce a una escala algo más pequeña. Entre ellas se exhiben estatuillas de deidades de la época Clásica (s. V a. C.) hechas con este material, como la de Zeus sosteniendo un rayo y un águila, que es su símbolo, o las que representan a Hermes, Atenea y Pan, entre otras.

Interesante es también la cabeza de un ariete de bronce de la primera mitad del siglo V a.C. con representaciones de carneros, que probablemente fue fabricado en un taller siciliano y que fue entregado como exvoto en el Santuario. Se trata de, hasta el momento, el único ariete superviviente de la época. Podemos ver que sus dientes han perdido sus puntas afiladas debido al desgaste por el uso. Su zona posterior posee una apertura por donde se introducía el poste de madera que estaba sujetado a la pieza mediante clavos.

Nos hay que olvidar los dos cascos de bronce (uno del tipo etrusco y otro corintio) de Milcíades y Hierón que se fabricaron en un taller italiano. Ambas piezas llevan la misma inscripción grabada en su lado izquierdo: ΗΙΑΡΟΝ Ο ΔΕΙΝΟΜΕΝΕOΣ / ΚΑΙ ΤΟΙ ΣYPAKOΣIOI / ΤΟI ΔI ΤΥΡΡΑΝΟΝ ΑΠΟ KYMAΣ (Hierón el hijo de Dinómenes y los siracusanos, a Zeus de los tirrenos en Cime). Se tratan de exvotos del Santuario de Zeus realizados por Hierón, el tirano de Siracusa, y sus conciudadanos tras su victoria en Cime, en Italia, sobre los tirrenos (etruscos) en el año 474 a.C. Hay otro casco con la misma inscripción en el Museo Británico de Londres (Reino Unido).

Desde aquí ya vemos la galería 6, dedicada en exclusiva a la escultura de la Niké o Victoria de Peonio, una ofrenda votiva a Zeus por parte de los mesenios y los ciudadanos de Naupacto por su victoria contra los espartanos en la Guerra arquidámica, nombre con que se conoce a la primera parte de la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), como así reza en una inscripción en la base de la escultura. Un poco más abajo de la anterior también se menciona la autoría de la obra: fue esculpida en mármol de Paros por Paeonos de Mende en Calcídica, quien también realizó la acroteria del Templo de Zeus. La escultura mide 2,11 metros de altura y se encontraba en la esquina sureste del templo de Zeus, donde estaba situada sobre una base triangular de 8,81 metro de alto que podemos ver hoy en el sitio arqueológico. La inclinación de la figura hacia adelante, el movimiento de su manto, la apertura de las alas y el pie derecho apoyado sobre un águila, símbolo de Zeus y del aire, da la sensación de que la diosa ha descendido desde el Olimpo para proclamar la victoria. Por otro lado, el fino quitón que viste se ciñe a su cuerpo, enfatizando así la vigorosidad, fuerza y juventud de su figura.

Nos dirigimos ya a la sala central que alberga la galería 5, en la cual se exponen las esculturas de los dos frontones (42 figuras en total), 12 metopas y algunos desagües esculpidos con forma de cabeza de león del templo de Zeus. Este conjunto artístico, que pertenecen al estilo austero, es uno de los mejores conservados de entre las antiguas obras griegas. Estos frontones fueron esculpidos cuando la construcción del templo estaba llegando a su fin, alrededor de 457 o 456 a. C., por tanto, son unas de las primeras obras del periodo clásico del arte griego. Fue el viajero Pausanias quien dejó por escrito una amplia descripción del templo, atribuyendo el frontón oriental a Peonio y el occidental a Alcámenes, pero investigaciones modernas consideran improbables estas atribuciones y atribuyen las obras a un gran escultor, pero anónimo.

El frontón este del templo de Zeus cuenta la carrera de carros entre Pélope y Enómao. Se trata del mito principal de Olimpia, una lucha para conseguir la supremacía sobre el Santuario. En esta leyenda, Enómao, el rey de Pisa en la Élide, tras haber sido advertido por una profecía que aseguraba que encontraría la muerte a manos del hombre que se casaría con su hija Hipodamía, desafió a todos sus pretendientes con una carrera de carros, asegurando que quien le ganara tomaría a aquella hija como esposa, pero que si perdía sería ejecutado por el propio rey. Enómao siempre ganaba, puesto que sus invencibles caballos eran un regalo del dios Ares, de tal gorma que trece pretendientes encontraron la muerte tras perder la carrera. Un día apareció Pélope, el hijo de Tántalo de la lejana Frigia o Lidia, quien desafió a Enómao.

Así tuvo lugar una feroz carrera de carros, pero finalmente Pélope, gracias a sus poderosos caballos que les había dado Poseidón, al auriga de Mírtilo, así como a la propia Hipodamía, fue el vencedor y mató a Enómao. Tras esos acontecimientos Pélope fundó una nueva dinastía, convirtiéndose en el señor de la península de Apia, que tras lo cual pasó a llamarse Peloponeso, en honor a su nombre. Tras conocer la historia será más fácil identificar a los diferentes personajes: toda la escena está presidida por la figura central que representa a Zeus, patrón del Santuario, cuyos 2,91 metros de altura domina a todas las demás estatuas; a su derecha se encuentra Enómao con su esposa Estérope, mientras que a su izquierda está Pélope con Hipodamía.

A continuación se situaban los carros tirados por los cuatro caballos de ambos contendientes, junto a los cuales vemos dos figuras arrodilladas: Mírtilo junto a Estérope y la sirviente de Hipodamía. Detrás de los carros se sitúan otras dos figuras arrodilladas que corresponden con los videntes de las dos familias sacerdotales de Olimpia: los Lamides y los Clytiades, siendo de especial interés la figura del anciano vidente, cuya mano levantada hacia su rostro indica que prevé el trágico suceso a punto de ocurrir: se trata de la primera figura escultórica del “estilo Severo” que representa rasgos individuales, en contraste con las figuras idealizadas que generalmente caracterizaban el arte de esta época.

Completan la escena dos figuras reclinadas situadas en ambas esquinas del frontón que personificaban los míticos ríos de Olimpia, el Alfeo y el Cládeo. Esta monumental composición, hecha con mármol de Paros, destaca por su solidez y la silenciosa tragedia que emana de las figuras ante los acontecimientos que están a punto de suceder.

Por su parte, la composición escultórica del frontón occidental del templo de Zeus representa la batalla entre lápitas y centauros. Todo empezó cuando, según el mito, el joven rey de las lápitas Pirítoo invitó a sus hermanos paternos los centauros a su boda con Deidamía (también llamada en algunos textos Hipodamía o Laodamía). Durante la celebración abundó la comida y la bebida, por lo que los centauros se emborracharon y, abusando de la hospitalidad del rey, intentaron violar a la recién casada y secuestrar a mujeres lápitas. Entonces todos los invitados varones se unieron contra los centauros en una violenta y sangrienta batalla.

Toda la composición se caracteriza por el fuerte movimiento de las figuras, que se entremezclan durante la feroz pelea. Dominando la escena, en el centro se sitúa la escultura de 3,09 metros de alto del dios Apolo que impone la paz y el orden con su mano derecha extendida, lugar donde se representa a Pirítoo atacando al centauro Euritión que sujeta a la bella Deidamía quien se resiste e intenta defenderse. A la izquierda de Apolo se encuentra Teseo cuando está a punto de golpear a otro centauro que a su vez ha agredido salvajemente a una mujer lápita. Completa la escena, a cada lado, esculturas emparejadas que luchan y, en cada esquina, dos mujeres lápitas tumbadas que observan horrorizadas todos los acontecimientos.

Todas las estatuas de ambos frontones están realizadas con mármol pario, exceptuando las esculturas de las mujeres tumbadas que están hechas de mármol pentélico: de ellas sólo la primera situada a la derecha es contemporánea al resto de las obras de la composición, las otras tres, realizadas en mármol pentélicos, fueron colocadas posteriormente: la del rincón derecho en el siglo IV a.C. y las otras dos de la parte izquierda en el I a.C., para sustituir a las figuras originales que probablemente fueron destruidas por terremotos.

Las esculturas de los lápitas se encuentran llenas de belleza e inteligencia que contrastan con los rostros brutales de los centauros, quienes personifican la fuerza oscura y las emociones bestiales. Sin embargo, la destrucción y el caos son apaciguados por la intervención del dios de la luz que trae la moderación y la razón, restaurando así la moralidad, la virtud y el orden al mundo. El simbolismo de esta grandiosa escultura que representa a los griegos sobre los bárbaros es claro, ya que los acontecimientos de las guerras persas que habían convulsionado al mundo civilizado de la época aún eran recientes y estaban profundamente grabados en la conciencia de toda la nación griega.

Las doce metopas dispuestas alrededor de la sala miden 1,50 por 1,60 metros y está realizadas con mármol de Paros. Adornaban los frisos del templo, estando colocadas en grupos de seis en el pronaos y en el opistódomo. En ellas se representaron los doce trabajos de Heracles, de las que las mejores conservadas son cuatro: la dedicada a los episodios de las aves del Estínfalo, la del Toro de Creta (cuya original está en el museo del Louvre de París), la del robo de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides y la de la limpieza de los establos de Augías.

Volvemos sobre nuestros pasos y, tras atravesar la sala 4, desembocamos en la galería 7, la cual está dedicada al escultor Fidias y a la realización de su célebre estatua criselefantina de Zeus hecha con oro y marfil, una de las siete maravillas del mundo antiguo que estuvo en el interior del cercano templo de Zeus. En el taller se encontraron muchos objetos utilizados para la elaboración de esa estatua de culto del dios, como moldes de terracota, herramientas, cerámica, etc., además de un enócoe o jarra de vino con una inscripción en griego en su parte inferior que dice ΦEIΔIO EIMI (“soy de Fidias”). También vemos partes del propio edificio y la maqueta de aquel taller, antes de ser modificado en una basílica cristiana.

Anexa se sitúa la galería 8, dedicada en exclusiva a otra de las grandes obras del antiguo arte griego: el Hermes de Praxíteles con el niño Dioniso. La escultura, de 2,13 metros de alto, fue esculpida por Praxíteles, de quien toma el nombre, en mármol de Paros entre los años 340 – 330 a.C. y entregada al Santuario como una ofrenda de los habitantes de la Élide y los de Arcadia para conmemorar el tratado de paz firmando entre ellos. La estatua fue encontrada durante el transcurso de unas excavaciones en el templo de Hera en 1877, donde, según algunas voces, en su momento fue trasladada a su cella. El conjunto escultórico representa a Hermes desnudo, el Mensajero de los dioses, a quien Zeus le encargó llevar al niño Dioniso a las ninfas, que debían amamantarlo. La estatua representa a Hermes descansando en el camino después de haber arrojado su manto sobre el tronco de un árbol, mientras juega con el Dioniso bebé.

En su brazo derecho levantado y actualmente desaparecido, probablemente sostenía un racimo de uvas, símbolo del futuro dios del vino. Como es habitual en el estilo de Praxíteles, resaltó la belleza de la figura expresando la serenidad olímpica de la fase del dios y la armonía de su cuerpo, además de enfatizar el gesto de dulzura y tranquilidad entre ambos. La escultura, hecha con mármol de Paros, posee la superficie altamente pulida, a lo que se suma a las características elegantes y suaves del arte de Praxíteles. Las pantorrillas y el pie izquierdo se reparan con yeso.

Seguimos con el recorrido por el museo, en esta ocasión en la galería 9, dedicada al periodo helenístico (entre los siglos IV a. C. y I a. C.). Aquí se exponen cerámicas, una estatua pequeña masculina alargada, identificada como Dioniso, una escultura de mujer sentada (siglo I a. C.), una cabeza de Afrodita, diferentes fragmentos de estatuas, etc. En esta pequeña sala también se exponen fragmentos de los edificios del Leonideo y del Filipeo.

Aquel primero era una construcción casi cuadrada que estaba rodeada exteriormente por un pórtico jónico formado por 138 columnas de unos 5,55 m de altura. La ornamentada sima de terracota es particularmente hermosa con su decoración con forma de hoja en relieve y sus desagües emulando la cabeza de un león, gran parte de la cual se exhiben en esta sala. Aquí también se muestran restos del Filipeo, el único edificio circular del Altis (recinto sagrado de Olimpia) que fue iniciado por Filipo II, rey de Macedonia, tras su victoriosa batalla en Queronea y terminado por su hijo Alejandro Magno unos años más tarde. La columnata circular exterior, que descansaba sobre un podio de mármol, estaba compuesta por 18 columnas jónicas y en el interior, alrededor del perímetro de la cella, había 9 medias columnas corintias.

Llegamos ya a la galería 10 que está dedicada al ninfeo, a partir de la cual comienza la colección romana del museo. El ninfeo era un monumental manantial construido en el año 160 d.C. por Herodes Ático y su esposa Apia Annia Regila, gracias a lo cual resolvió el grave problema de escasez de agua que existía, especialmente durante el período de los Juegos Olímpicos. En esta sala se exponen las estatuas encontradas por el Instituto Arqueológico Alemán durante las excavaciones que provienen de aquella fuente monumental, actualmente dispuestas en esta sala con cierta forma de arco, recordando la forma original en que estaban colocadas en el ninfeo.

En cada piso de la fachada circular había 11 nichos en los que estaba colocadas estas estatuas, pero siguiente una estricta regla jerárquica: Zeus ocuparía la posición central, y a sus lados se colocaron las estatuas de los dos donantes, Herodes y su esposa Regilla. Las estatuas del piso inferior estaban dedicadas a miembros de la casa imperial de los Antoninos, y las del superior a la familia del donante. Entre las esculturas supervivientes destacan la de los emperadores Adriano y Marco Aurelio, por encontrarse bastante bien conservadas.

Aquel muro semicircular rodeaba un depósito de agua, frente al cual había un estanque rectangular de 21,90 metros de largo por 3,43 de ancho y 1,20 metros de profundidad, a ambos lados de su muro se situaban dos naïskos o templetes con esculturas, y en el centro del mismo, al igual como ocurre en esta sala, estaba la estatua de mármol de un toro, animal símbolo de manantiales, agua y ríos, que fue una ofrenda de Regilla al Santuario. Aunque aquí podemos ver las estatuas más o menos completas de este monumento, las bases con inscripciones de aquellas fueron reutilizadas como material de construcción en el siglo V d.C. para la construcción de la basílica paleocristiana.

Seguimos el recorrido por la segunda parte de la colección romana, por la galería 11, dedicada al Metroo y Hereo. El primero fue un pequeño templo dórico situado en el Altis que fue dedicado a Cibeles en el siglo IV a.C., aunque en época romana fue transformado en el templo de Augusto y Roma. A este edificio corresponden las estatuas de Agripina la Menor, madre de Nerón, en calidad de sacerdotisa, con la cabeza cubierta con su himatión, y la del emperador Tito.

El segundo, el templo de Hera o Hereo albergó durante la época romana muchas estatuas, la mayoría de las cuales correspondían con las que representaban a eminentes mujeres de las familias de la Élide: como la escultura de Domicia Longina (mujer de Domiciano) o la de Popea Sabina que destaca por su esmerado trabajo y expresividad. También se expone una estatua de Hermes que fue encontrada durante las excavaciones de 1877 en la cella del templo, la cual se supone que fue trasladada a aquí para su custodia.

La última sala, la galería 12, está dedicada a los últimos años del Santuario. Aquí se exhiben vasos y utensilios de terracota, piezas de cristal, objetos de bronce y hierro, como hachas, picos, layas o martillos, que cubren el periodo del siglo II hasta finales del siglo VI, principios del siglo VII, momento en el definitivamente el Santuario de Olimpia fue abandonado. En esta sala también se exponen los objetos encontrados en el cementerio romano de Frangonissi, situado a dos kilómetros de Olimpia, datados desde el siglo I al IV y consistentes principalmente en joyas, juguetes (muñecas y figurillas de animales), vasos de vidrio, (el más antiguo de los cuales es un enócoe del siglo V a. C), etc. Los últimos objetos cronológicos son unas jarras de terracota, hechas a mano y producidas por tribus eslavas asentadas en la región entre los siglos VII y VIII.

Pulsar para invitarme a un café