BARCELONA

MUSEO DEL CALL O JUDERÍA DE BARCELONA, UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES DEL SUR DE EUROPA


En la Edad Media, el Call o barrio judío de Barcelona fue el más extenso de toda la Corona de Aragón y uno de los más relevantes del sur de Europa. En sus inicios, se situaba en la zona noroeste de la antigua ciudad romana de Barcino y estaba delimitado por lo que hoy son las calles del Bisbe, la plaza de Sant Jaume, la calle del Call, Banys Nous, la bajada de Santa Eulàlia y la calle de Montjuïc del Bisbe. Sin embargo, en las áreas más cercanas al exterior convivían judíos y cristianos, por lo que sus fronteras no siempre estaban claramente definidas.

La presencia judía en Barcelona está documentada desde finales del siglo IX (aunque se cree que pudieron asentarse allí ya en los primeros siglos de la era cristiana), cuando se menciona una calle descrita como solebat ire ad callem judaicum. El término call hacía alusión originalmente a una calle estrecha o un callejón, aunque con el tiempo pasó a identificar el conjunto de vías donde residía la población judía. Hacia finales del siglo XI, el Call ya se había consolidado como un barrio cerrado, separado de la organización parroquial de la ciudad. En su interior contaba con sinagogas, baños rituales y otras instituciones fundamentales para la práctica de la religión judía. Con el crecimiento de la ciudad, la comunidad judía también prosperó. Sus miembros se dedicaban a actividades como el comercio, el préstamo de dinero, la artesanía y la medicina. Algunos alcanzaron una posición destacada e incluso ocuparon cargos importantes en la corte.

El momento de mayor esplendor del Call se produjo a mediados del siglo XIII, cuando el rey Jaime I otorgó a los judíos de Barcelona el derecho a elegir a sus propios representantes para impartir justicia dentro de la comunidad. Este hecho marcó el inicio de su reconocimiento legal como una aljama, es decir, una comunidad con cierta autonomía de gobierno. Paralelamente, el aumento de la población judía llevó a la creación de un nuevo barrio, conocido como el Call Menor, situado fuera de las antiguas murallas romanas. Este nuevo espacio fue diseñado de forma planificada, con calles organizadas en forma de cuadrícula y una sinagoga como centro principal.

En 1391 se produjo el asalto al barrio judío, lo que supuso la destrucción de gran parte de sus viviendas. Durante este ataque murieron alrededor de 300 personas y la comunidad judía organizada, la aljama, dejó de existir. Quienes lograron sobrevivir fueron forzados a convertirse al cristianismo, trasladándose al llamado Call Menor. A partir de ese momento, el barrio experimentó una rápida transformación, ya que familias cristianas procedentes de otras zonas de la ciudad comenzaron a instalarse allí, reemplazando progresivamente a la población judía.

Entre los siglos XV y XVII se construyó en la parte oriental el actual Palau de la Generalitat, y más tarde, en el siglo XIX con la apertura de la calle Ferran, modificó notablemente el trazado urbano, especialmente en el antiguo Call Menor. Aun así, todavía se conservan rastros del antiguo barrio judío: su estructura urbana en parte se mantiene y varias calles conservan su carácter histórico. Las excavaciones han revelado objetos de la vida cotidiana y restos como silos de grano del siglo XII. Destaca también una lápida en la calle Marlet (donde hoy se puede ver una reproducida), cuya inscripción hebrea conmemora una fundación benéfica impulsada en el siglo XIII por el rabino Samuel ha-Sardí.

El Call de Barcelona fue un destacado centro de cultura judía en la Edad Media, donde vivieron importantes pensadores que escribieron en hebreo sobre ciencias y filosofía, y actuaron como puente cultural entre el mundo islámico y la Europa cristiana. Entre ellos sobresalen Isaac ben Rovén y Abraham bar Hiyya. También destacó su prestigiosa escuela talmúdica, con figuras como Samuel ha-Sardí, Salomó ben Adret e Isaac ben Sésset, cuyas decisiones tuvieron gran influencia en la tradición jurídica judía. El último gran intelectual fue Hasday Cresques, quien intentó reconstruir la comunidad tras 1391 y es considerado uno de los pensadores judíos más importantes de la Edad Media.

Ubicado en el corazón de esta judería se encuentra el museo de El Call de Barcelona, el cual está albergado en un edificio de origen medieval que conserva en su interior vestigios que se remontan a los siglos XIII y XIV. Según un documento del siglo XIV, perteneció a Jucef Bonhiac, un artesano dedicado a la elaboración de velos. Con el paso del tiempo, la construcción fue experimentando diversas modificaciones, reflejando cambios tanto en su uso como en su alineación con la calle. Las dos fachadas que dan a la calle Arc de Sant Ramon del Call evidencian las reformas llevadas a cabo entre los siglos XIII y XVII, así como las transformaciones más recientes correspondientes a los siglos XIX y XX.

El espacio expositivo de este museo dedicado al Call está organizado en tres secciones con el objetivo de ofrecer una visión completa de la historia y el patrimonio de este antiguo barrio judío. En el primer ámbito se describe cómo era el Call desde el punto de vista físico: sus límites, la estructura de sus calles, los edificios más destacados y otros elementos patrimoniales presentes tanto en el pasado como en la actualidad. Además, se propone un recorrido interactivo por el Call Mayor y el Call Menor, junto con un plano interactivo que permite identificar con precisión las propiedades de los últimos habitantes judíos antes de la desaparición del barrio a finales del siglo XIV.

El segundo ámbito se centra en la evolución histórica del Call. Un audiovisual introductorio resume el desarrollo de la comunidad judía medieval en Barcelona, desde su establecimiento hasta su disolución en 1391 y la posterior aparición de los conversos. En esta sección destaca “El universo del Call”, que recrea la vida cotidiana del barrio en su momento de mayor esplendor, alrededor del año 1300. Aquí se muestran restos como columnas procedentes de los Banys Nous y lápidas del antiguo cementerio judío de Montjuïc y objetos hallados en la zona, acompañados de recursos interactivos que permiten profundizar en distintos aspectos de aquella época.

Ya hemos comentado que la judería albergaba a numerosos artesanos dedicados a distintos oficios, entre ellos destacaban los tejedores de velos de seda, los fabricantes de dados y, especialmente, los trabajadores del coral. También había sastres, orfebres, zapateros, encuadernadores y otros muchos oficios manuales. De igual manera, en toda la ciudad gozaban de gran reputación sus médicos y comadronas. Por ello, en este espacio se pueden observar diversos hallazgos, como restos de metal fundido adheridos a las paredes interiores (datados entre los siglos XII y XIV), joyas procedentes de la necrópolis judía de Montjuïc, fragmentos de coral, dados elaborados en hueso, etc.

Desde el punto de vista económico, el dominio del hebreo y del árabe, junto con la posibilidad de esquivar el control eclesiástico en los intercambios con el mundo musulmán, favoreció la participación judía en las primeras rutas de comercio marítimo. Además, las actividades de préstamo y banca tuvieron un papel clave tanto en la economía urbana como en la financiación de la monarquía. Testimonio de estas relaciones comerciales son los restos cerámicos hallados en las excavaciones del Call, procedentes de lugares como Oriente, Egipto, Al-Ándalus o el norte de África.

La población judía empleaba en su vida cotidiana utensilios domésticos muy similares a los del resto de habitantes de la ciudad. La vajilla y los objetos necesarios para el hogar, sobre todo los destinados a la cocina y al almacenamiento de alimentos, se adquirían en los mercados de Barcelona. Este tipo de menaje solía producirse en los talleres cerámicos locales, aunque también podía llegar, como ya vimos anteriormente, a través de las rutas comerciales que conectaban la ciudad con distintos puntos del Mediterráneo.

En la vida diaria, judíos y cristianos utilizaban objetos muy parecidos, con pocas diferencias más allá de aquellos vinculados a las normas religiosas y a las celebraciones. La vajilla, por ejemplo, era prácticamente la misma, sin embargo, se han hallado fragmentos con inscripciones en hebreo que servían para respetar la prohibición de mezclar determinados alimentos según la tradición judía. También se han descubierto lámparas que, con toda probabilidad, eran hanukiot, empleadas durante la festividad de las luces, Janucá. Entre las piezas expuestas, un ejemplo claro de lo comentado es una escudilla de loza blanca, datada entre los siglos XIII y XIV, que lleva la inscripción “bassar” (carne), lo que indica que estaba destinada exclusivamente a ese uso.

El tercer y último ámbito aborda la herencia cultural del Call. Una mesa central ofrece una panorámica de este legado a lo largo del tiempo hasta la actualidad. Asimismo, se dedica un espacio especial a tres figuras destacadas que vivieron en el barrio: Abraham bar Hiyya, Salomón ben Adret y Hasday Cresques. Este último, Hasday Cresques, es uno de los autores más representativos del Call. La difusión del pensamiento de Cresques encontró numerosos obstáculos desde el principio. Sus escritos no fueron traducidos al latín y tampoco se formó una corriente filosófica que continuara directamente su obra.

Aun así, sus ideas lograron perdurar gracias a la influencia ejercida por su obra “La luz del Señor” (escrito por el cual es recordado en la historia de la filosofía) en diversos pensadores posteriores, entre ellos los italianos Pico della Mirandola y Giordano Bruno, así como el filósofo holandés de origen sefardí Baruch Spinoza. En este último se percibe la huella de Cresques, especialmente en sus reflexiones acerca de la ley natural y la libertad humana. En esta obra Cresques cuestiona varias de las ideas aristotélicas dominantes de su época, como la concepción de un universo limitado, la negación del vacío o la imposibilidad de un infinito real.

También replantea la naturaleza del tiempo, proponiendo que no es simplemente una propiedad del movimiento, sino una forma de medir subjetivamente la duración. Estas críticas contribuyeron a liberar el pensamiento científico de las restricciones impuestas por interpretaciones religiosas basadas en Aristóteles, abriendo así nuevas vías para el desarrollo intelectual en épocas posteriores. A propósito de lo comentado, esta sección del museo se completa con el recurso interactivo “La Gran Biblioteca”, en la cual se presenta una selección de veinte obras fundamentales escritas en el Call entre los siglos XI y XIV, algunas de ellas consideradas auténticos referentes del pensamiento judío.

Para más información sobre horarios, precios, conciertos, actividades, etc., acude a la web del MUHBA El Call o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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