BARCELONA

TEMPLO DE AUGUSTO: CORAZÓN DE LA BARCELONA ROMANA


Escondido entre las calles del barrio Gótico, y de acceso gratuito, se encuentran los restos de este templo de la antigua Barcino que fue levantado a finales del siglo I a.C. Durante más de cuatro siglos dominó el foro de la ciudad, una plaza rodeada de pórticos situada en la intersección de las principales vías: el decumanus maximus (actuales calles del Bisbe y de la Ciutat) y el cardo maximus (calles Ferran y Jaume I). El templo se encontraba en el punto más elevado de la antigua ciudad romana, el monte Táber, que apenas supera los 16 metros de altura. En el foro se concentraban los edificios de gobierno y se desarrollaban las principales actividades políticas, religiosas, económicas y sociales. Tanto el templo como el foro simbolizaban la presencia del Estado dentro del trazado urbano de la colonia.

Además, las élites utilizaban este espacio público como escenario para proyectar su influencia política. Solían erigir estatuas en su honor sobre pedestales donde se describía su trayectoria, y también dejaban constancia de su participación en la financiación de grandes obras públicas mediante inscripciones visibles. Un claro ejemplo es el pedestal honorífico de finales del siglo I que vemos aquí y que estuvo dedicado a Quinto Calpurnio Flavio, personaje que perteneció a un linaje de magistrados municipales. Cuando el foro perdió su función, el pedestal fue reutilizado para otros usos, de hecho, se encontró como parte de los cimientos de la iglesia de santa María del Pi, de donde fue recuperado.

Como su propio nombre indica, el templo rendía culto al emperador Augusto, hecho que no solo tenía un sentido religioso, sino que también funcionaba como un instrumento político para cohesionar a los distintos pueblos bajo el dominio romano. Alrededor de este culto se estructuraban diversos cargos y responsabilidades que ofrecían oportunidades de ascenso social dentro de la colonia. Los ciudadanos libres podían aspirar a convertirse en "flamines augustales", mientras que los libertos tenían acceso al puesto de “séviro augustal”, ambos vinculados a funciones religiosas y que, en el caso de los libertos constituía una autentica promoción social que paliaba en parte su origen modesto.

Por otro lado, el acceso a los principales cargos de gobierno local, como los “duoviri” o los “aediles”, se decidía mediante elecciones. Sin embargo, lograr el apoyo necesario para resultar elegido implicaba invertir una considerable cantidad de recursos propios, lo que terminó estrechando la relación entre la actividad política y los intereses económicos.

El templo de Augusto contaba en su momento con unas dimensiones aproximadas de 37 metros de largo por 17 de ancho. Poseía con una fachada principal en la que se alzaban seis columnas que seguía el modelo hexástilo, mientras que otras recorrían los laterales del edificio, que contaba con una única nave interior. En la actualidad se conservan cuatro columnas de unos 9 metros de altura con fustes acanalados y capiteles de orden corintio, que formaban parte de uno de los ángulos traseros del edificio, además del arquitrabe que las unía y parte del podio de tres metros sobre el que se alza la estructura.

Fue a partir del siglo V d. C. cuando el antiguo foro romano entró en declive. Buena parte de sus pedestales conmemorativos fueron retirados y reutilizados como materiales de construcción en nuevos edificios, como el palacio episcopal, cuyos restos podemos ver en el MUHBA Plaça del Rei. Con la expansión del cristianismo, el templo dejó de cumplir su función original y el centro de la vida política, religiosa y administrativa se desplazó hacia la zona norte, junto a la muralla. Allí, desde el siglo IV d. C., había ido surgiendo un primer núcleo cristiano que acabaría consolidándose como el nuevo foco de poder en la ciudad de la Antigüedad tardía.

Así, con el paso del tiempo, al perder su función original, el templo de Augusto sufrió múltiples modificaciones, aunque continuó influyendo en la imagen urbana. En el siglo XI se le conocía como “el Miraculum”, probablemente por el impacto que aún causaba su imponente presencia. Más adelante, durante la Baja Edad Media, la construcción de nuevas viviendas permitió que los restos del templo quedaran integrados en su interior, lo que favoreció su conservación, aunque de manera fragmentaria.

Ya en el siglo XV, las columnas y capiteles que aún eran visibles dentro de estas edificaciones despertaron gran curiosidad y dieron lugar a diversas teorías sobre su origen: desde un gran sepulcro hasta un monumento conmemorativo, pasando por un templo o incluso el extremo de un acueducto. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando se confirmó de forma definitiva que aquellos restos pertenecían a un templo romano.

Fue en esa ápoca cuando el Centre Excursionista de Catalunya (entonces Associació Catalanista d’Excursions Científiques) adquirió el inmueble situado en la calle Paradís 10 y encargó su remodelación a Lluís Domènech i Montaner, conocido por obras como el Palau de la Música Catalana y el Hospital de Sant Pau. El arquitecto, entre 1903 y 1904, proyectó un patio interior que hoy permite contemplar el templo desde dentro, integrándolo en el edificio junto con la sala de juntas y el salón de actos del club, ambos diseñados también por él. Hay que señalar que la columna que años antes, alrededor de 1879, había sido trasladada a la plaza del Rei, regresó finalmente en 1956 a su lugar dentro del conjunto monumental.

Para más información sobre horarios, actividades, tours guiados, etc., acude a la web oficial del MUHBA Temple d'August o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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