Situado en la montaña de Montjuïc, en pleno Anillo Olímpico y junto al Estadio Olímpico, este museo es uno de los espacios museísticos más singulares de Barcelona. Concebido como una ventana al universo del deporte, propone un recorrido interactivo que combina historia, tecnología y emoción para mostrar cómo la actividad física ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes hasta la actualidad. A través de más de un millar de piezas, experiencias multimedia y objetos pertenecientes a algunos de los deportistas más destacados de la historia, el visitante descubre la evolución del deporte como fenómeno social, cultural y educativo. Además, se comprenderá mejor cómo Barcelona se convirtió, gracias a los Juegos Olímpicos de 1992, en una de las grandes capitales deportivas del mundo.
Antes de acceder al interior, conviene detenerse un momento delante de la entrada principal del museo Olímpico y del Deporte, donde se encuentra el monumento a Antonio Rebollo o Arquer Olímpic, el cual rinde homenaje a uno de los protagonistas de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. La escultura recuerda el instante en que el arquero disparó la célebre flecha encendida hacia el pebetero olímpico, una imagen que se convirtió en uno de los grandes símbolos de aquellos Juegos y que fue seguida por millones de espectadores en todo el mundo. Rebollo, deportista paralímpico especializado en tiro con arco, alcanzó reconocimiento internacional gracias a aquel histórico encendido de la llama olímpica. Su participación simbolizó valores como la superación personal, la igualdad y el espíritu deportivo que caracterizaron los Juegos de Barcelona. La obra fue realizada por Rosa Serra e instalada aquí coincidiendo con las conmemoraciones del vigésimo aniversario de Barcelona 92.
Accedemos ya al interior del edificio: la visita comienza en el Paseo del Deporte, el eje vertebrador del museo. Este espacio plantea un viaje cronológico por la historia de la actividad física, desde las primeras manifestaciones relacionadas con la supervivencia humana (correr, saltar o luchar) hasta la profesionalización y espectacularización de cada una de las modalidades del deporte contemporáneo. La historia del deporte hunde sus raíces en la Antigua Grecia, donde la educación de los jóvenes no solo se centraba en el desarrollo intelectual, sino también en la formación física y moral. Este ideal, conocido como “paideia”, buscaba el equilibrio entre cuerpo y mente.
Los gimnasios y las pistas de entrenamiento eran lugares fundamentales para alcanzar este objetivo, mientras que los entrenadores guiaban a los atletas tanto en la preparación física como en los valores éticos. Entre las numerosas competiciones celebradas en el mundo helénico destacaban los Juegos Olímpicos de Olimpia, junto con los Juegos Ístmicos, Nemeos y Píticos. Los deportistas capaces de triunfar en las cuatro grandes citas eran admirados como auténticos héroes.
Con la expansión del Imperio Romano, el deporte fue perdiendo gran parte de su carácter religioso y educativo. Las competiciones dieron paso a espectáculos multitudinarios concebidos principalmente como entretenimiento. Carreras, luchas y otros juegos públicos servían para atraer a la población y reforzar el poder imperial. La conocida expresión “pan y circo” refleja perfectamente una época en la que el ocio y los espectáculos se utilizaron para mantener satisfecha a la población.
Durante la Edad Media, las actividades físicas experimentaron una profunda transformación en Europa occidental. La visión religiosa predominante consideraba el cuerpo con cierta desconfianza, por lo que muchas prácticas deportivas quedaron relegadas. Aun así, sobrevivieron ejercicios relacionados con la guerra, la defensa y la vida cotidiana, como los torneos de caballería, el tiro con arco o diversos juegos populares. Mientras tanto, en Asia florecieron disciplinas con una importante dimensión espiritual. En China se desarrollaron prácticas como el Tai Chi y las técnicas asociadas al Kung Fu; en la India se consolidó el yoga, y en Japón las artes marciales evolucionaron bajo el código de honor de los samuráis.
El Renacimiento marcó un cambio decisivo al recuperar la importancia del cuerpo dentro de la formación integral de la persona. Humanistas, médicos y pensadores defendieron la práctica del ejercicio físico como una herramienta para mejorar la salud, la educación y la calidad de vida. Esta nueva mentalidad favoreció la incorporación progresiva de actividades gimnásticas en la vida cotidiana. Entre los siglos XVIII y XIX nació el concepto moderno de deporte. En Inglaterra comenzaron a establecerse normas y reglamentos que transformaron antiguos juegos populares en disciplinas organizadas. Paralelamente, la educación física se incorporó a las escuelas europeas y surgieron diferentes métodos gimnásticos, especialmente en Alemania, Suecia y Francia, que contribuyeron a la difusión de la actividad física entre la población.
La gran revolución deportiva llegó a finales del siglo XIX gracias al impulso del francés Pierre de Coubertin. Inspirado por los valores de la antigua Grecia, promovió la recuperación de los Juegos Olímpicos, que volvieron a celebrarse en Atenas en 1896. Este acontecimiento impulsó la expansión internacional del deporte y favoreció su acceso a sectores cada vez más amplios de la sociedad.
Ya en el siglo XX, la aparición de la sociedad de masas y el desarrollo de los medios de comunicación aceleraron la popularización de numerosas disciplinas. El deporte dejó de ser una práctica reservada a minorías para convertirse en un fenómeno global, con el fútbol como principal exponente de esta expansión y democratización (aquí vemos una pelota y unas botas de fútbol datadas en la primera mitad del siglo XX). A lo largo del recorrido por el “Paseo del Deporte” tendremos la oportunidad de ver algunas de las piezas más emblemáticas de la colección, unas pocas de las cuales mencionaremos en la presente guía, lo que permite establecer un vínculo directo entre el visitante y algunos de los grandes protagonistas del deporte, especialmente el español.
Por ejemplo, vemos varios zapatos pertenecientes a figuras importantes del deporte, entre los que se encuentran las zapatillas de los tenistas estadounidenses Monica Seles, Pete Sampras y Marina Navratilova, y las del español Rafa Nadal. Junto a ellas se exponen también las zapatillas de la jugadora de bádminton Carolina Marín, quien las utilizó durante los Juegos Olímpicos de Rio de 2016, donde ganó la medalla de oro. Sobre ellas vemos un detalle muy especial: una dedicatoria manuscrita de la campeona olímpica dirigida al Museo Olímpico y del Deporte Joan Antoni Samaranch: “Con cariño: Carolina Marín” junto con el dibujo de un corazón. Más adelante veremos también las zapatillas de Pau Gasol.
Otra pieza importante es la Copa Macaya, trofeo del considerado primer campeonato oficial de fútbol organizado en España. Su celebración en 1901 marcó un punto de inflexión en la historia de este deporte, ya que hasta entonces los clubes surgidos entre finales de 1899 y el año 1900 únicamente disputaban encuentros amistosos, sin una competición reglada que enfrentara a los equipos de forma regular. La iniciativa de crear este torneo partió de Alfons Macaya Sanmartí, una destacada figura del deporte catalán que ejerció como presidente honorario del Hispània Athletic Club y del Reial Club de Tennis Barcelona. Gracias a su apoyo y patrocinio, nació una competición que sentó las bases de los futuros campeonatos futbolísticos en el país. En aquella primera edición, el título fue conquistado por el Hispània Athletic Club, que pasó a la historia como el primer vencedor de la Copa Macaya y uno de los pioneros del fútbol organizado en España.
Más adelante vemos la motocicleta del campeón mundial Ángel Nieto. El origen del motociclismo se remonta a 1885, año en que el ingeniero alemán Gottlieb Daimler incorporó un motor a una bicicleta, dando lugar a uno de los primeros vehículos motorizados de dos ruedas. A partir de aquel hito, esta disciplina experimentó una rápida evolución y fue diversificándose en distintas especialidades competitivas, entre las que destacan el motocross, el enduro, el trial, los raids y las pruebas de velocidad en circuito. La fundación de la Federación Internacional de Motociclismo en 1904 impulsó el desarrollo de motocicletas cada vez más potentes y adaptadas a las diversas modalidades surgidas durante el siglo XX.
Otras de las piezas destacadas, entre los cientos expuestas en esta sección del museo, son los patines utilizados por el patinador artístico sobre hielo Javier Fernández, campeón mundial que además fue el encargado de portar la bandera de España en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014. Junto a ellos se encuentra los de Susana Palés, campeona de España de patinaje y entrenadora olímpica.
Seguimos avanzando por la línea histórica de los Juegos Olímpicos y llegamos ahora a 1944 cuando, en plena II Guerra Mundial, Ludwig Guttmann, un neurocirujano alemán que desarrolló gran parte de su carrera en el Reino Unido, fue encomendado para la creación de un programa de rehabilitación para personas con lesiones medulares. Guttmann apostó por la actividad física y el deporte como herramientas fundamentales para mejorar la recuperación y la calidad de vida de estos pacientes. Fruto de esta iniciativa, en 1948 se celebraron los Juegos del hospital Stoke Mandeville, coincidiendo con la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres. Este evento reunió a deportistas con discapacidades físicas, por lo que está considerado el antecedente directo de los actuales Juegos Paralímpicos y a Guttmann como una de las figuras clave en el origen de ese movimiento paralímpico.
La competición demostró el valor del deporte como medio de integración, superación personal y rehabilitación, sentando las bases de un movimiento que con el tiempo alcanzaría dimensión internacional. Por otro lado, es necesario señalar que aquel mismo año (1948) se restauraron los Juegos Olímpicos en Londres, tras no celebrarse ni en 1940, ni en 1944 por la II Guerra Mundial. Otro elemento interesante es que además esa ceremonia inaugural fue retransmitida por primera vez por televisión, consiguiendo una audiencia de alrededor de 500.000 personas.
Así, los primeros Juegos Paralímpicos tuvieron lugar en 1952, cuando en Gran Bretaña se organizaron unas competiciones internacionales dirigidas a deportistas con discapacidad. Sin embargo, no fue hasta 1960, en la ciudad de Roma, cuando este movimiento deportivo recibió reconocimiento oficial y pasó a denominarse Juegos Paralímpicos. A partir de entonces, el evento fue creciendo hasta convertirse en la máxima competición del deporte adaptado a nivel mundial. Años más tarde, en 1976, la localidad sueca de Örnsköldsvik acogió la primera edición de los Juegos Paralímpicos de Invierno, ampliando así la participación de los atletas a las disciplinas practicadas sobre nieve y hielo.
Por su parte, los orígenes del patinaje sobre ruedas se remontan a finales del siglo XVIII, cuando surgieron los primeros modelos de patines equipados con ruedas. Con el paso del tiempo, esta innovación dio lugar a distintas modalidades deportivas, entre ellas las competiciones de velocidad, el patinaje artístico y el hockey sobre patines. La organización de este deporte fue creciendo progresivamente hasta que, en 1913, se constituyó en Inglaterra la primera federación nacional dedicada al hockey sobre patines, un paso decisivo para su desarrollo internacional. Entre las grandes figuras españolas destaca Pepita Cuevas, quien hizo historia al convertirse en 1968 en la primera deportista de España que conquistó un título mundial de velocidad, y cuyos patines podemos ver aquí. También sobresale Sheila Herrero, una de las referentes del patinaje en línea, que logró numerosos campeonatos y récords mundiales a lo largo de su trayectoria.
Los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 supusieron un gran avance al ser los primeros retransmitidos por televisión en color, contribuyendo a la expansión mundial del deporte como espectáculo de masas. Por su parte, los Juegos de Múnich de 1972 destacaron por la introducción de la primera mascota olímpica y el uso de pictogramas, además de la brillante actuación del nadador Mark Spitz, aunque también quedaron marcados por la tragedia del atentado que tuvo lugar durante la competición.
Casi al final de la sección “Paseo del deporte” destacamos también dos bañadores empleados por la selección española de natación sincronizada: el primero formó parte del vestuario de sus competiciones más destacadas de la década de 2000, en concreto lo llevó Paola Tirados, entre ellas los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el Campeonato Mundial de Natación de Montreal 2005 y el Campeonato de Europa celebrado en Budapest en 2006. Su diseño fue concebido como un homenaje a Salvador Dalí con motivo del centenario de su nacimiento, incorporando elementos inspirados en el universo creativo del artista. Al lado se encuentra otra prenda, en esta ocasión confeccionada en fibra sintética de nailon y adornada con lentejuelas, utilizada por Gemma Mengual.
Más o menos a mitad de recorrido de la anterior sección, en el nivel 1, el itinerario conduce al espacio dedicado a los Pioneros del Deporte donde, mediante piezas datadas entre finales del siglo XIX y 1955, se rinde homenaje a los hombres y mujeres que contribuyeron al desarrollo de las distintas disciplinas deportivas que pasaron de ser unas prácticas minoritarias a convertirse en un fenómeno global. Barcelona, gracias a su dinamismo económico y comercial, adoptó rápidamente estas nuevas prácticas deportivas y se convirtió en uno de los principales focos de su desarrollo en España. La sala muestra cómo la actividad física pasó de ser una afición minoritaria a formar parte de la vida social de la ciudad, impulsando la creación de clubes, competiciones y grandes eventos internacionales. Entre ellos destaca el CSIO Barcelona, un prestigioso concurso ecuestre con más de un siglo de trayectoria que refleja la larga tradición deportiva de la capital catalana.
Entre los objetos más representativos de esta sala destacan varias piezas que ayudan a comprender los primeros pasos del deporte en España. Sobresalen las anillas utilizadas por Joaquín Blume, uno de los grandes referentes de la gimnasia española; el mono de competición del piloto Alfredo Flores, testimonio de la evolución del automovilismo, el billar Chapo, una pieza histórica vinculada a una de las modalidades recreativas y competitivas con mayor arraigo de la época, etc., etc.
En una de las vitrinas podemos ver un cartel de la Olimpiada Popular de 1936, impulsada por Barcelona con un marcado carácter antifascista y como una alternativa tras perder su candidatura para organizar los Juegos Olímpicos de 1936 frente al Berlín de los nazis. El proyecto, coordinado por el Comité Organizador de la Olimpiada Popular (COOP), logró reunir a 23 delegaciones internacionales, entre ellas las de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, además de más de 5.000 deportistas dispuestos a participar. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil Española en julio de 1936 impidió que el evento llegara a celebrarse y puso fin a esta ambiciosa iniciativa.
La escultura El Campeón, realizada en bronce por el artista Llucià Oslé, está considerada una de las primeras representaciones escultóricas dedicadas al deporte moderno en España. Presentada en 1911 durante la VI Exposición Internacional de Arte celebrada en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona, la obra refleja el creciente protagonismo que comenzaba a adquirir la actividad deportiva en la sociedad de principios del siglo XX. La estatua estuvo instalada en el Estadio Olímpico, donde había sido colocada con motivo de la Exposición Internacional de 1929. Sin embargo, las obras de remodelación llevadas a cabo para adaptar el recinto a los Juegos Olímpicos de 1992 obligaron a retirarla de su emplazamiento original. Se cree que la figura tomó como modelo al destacado futbolista barcelonés Santiago Massana Urgellés, conocido popularmente como Tiago, una de las grandes referencias del fútbol español de aquella época.
La visita prosigue en el Hall of Fame, una zona donde el visitante puede experimentar la emoción y la magnitud del deporte mediante una propuesta audiovisual inmersiva. Este espacio está concebido para despertar sensaciones, para lo cual se ha rodeado al espectador con más de una veintena de pantallas que proyectan algunos de los momentos más impresionantes y memorables de la historia deportiva, como los logros de grandes campeones que han marcado la historia del deporte mundial y que se han convertido en referentes para generaciones enteras.
La experiencia se completa con una interesante exposición de una destacada colección de antorchas olímpicas de la era moderna, testigos del recorrido y la evolución de los Juegos Olímpicos a lo largo del tiempo.
De igual manera, aquí podemos ver in situ réplicas de los trofeos más importantes del mundo, como el de la VII edición de la Tennis Master Cup de 1976, el de Roland Garros de tenis de 1998, el trofeo de la Copa Davis de tenis del año 1985, etc.…
Y así llegamos a uno de los espacios más emocionantes del museo: el dedicado a Barcelona ’92, considerado el corazón de la colección permanente. Esta área transporta al visitante a los Juegos Olímpicos que transformaron la ciudad y la proyectaron internacionalmente. La exposición reúne alrededor de quinientas piezas relacionadas con aquel acontecimiento histórico. Entre las piezas más destacados se encuentran los objetos y vestuario utilizados durante las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos de 1992. El acto de apertura se titulaba “Mediterráneo, Mar Olímpico” y fue creado y llevado a cabo por la Fura dels Baus; mientras que “La fiesta del fuego” fue dirigida e interpretada durante la clausura por el grupo teatral Els Comediants, reuniendo en escena a 700 actores, músicos y técnicos.
Pero quizás el elemento más representativo sea la figura de Hércules que formó parte de la espectacular ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. La representación recreaba el viaje simbólico del héroe mitológico, que emprendía una travesía para descubrir los confines del mundo bajo la protección de las fuerzas que dan origen a la vida. Durante su recorrido debía superar diversos desafíos encarnados por criaturas que simbolizaban algunos de los grandes problemas de la humanidad, como la guerra, la contaminación, el hambre y las enfermedades. Tras vencer estas pruebas, Hércules establecía el equilibrio entre conceptos opuestos como el bien y el mal o el cielo y la tierra. La escenografía culminaba con la apertura de las míticas columnas de Hércules, un gesto que representaba la unión entre culturas, pueblos y razas a través del Mediterráneo, entendido como espacio de encuentro y cuna de civilizaciones.
Junto a uno de los trajes de “la fiesta del fuego” se expone uno de los soportes identificativos que formó parte del desfile inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, y que acompañaba a cada una de las delegaciones nacionales durante su entrada al estadio. Más allá de su función práctica, se convirtió en un elemento representativo de la imagen visual del evento. Su diseño tipográfico fue realizado por el grafista Alfonso Sostres y se presentó en las cuatro lenguas oficiales de la cita olímpica (catalán, español, inglés y francés), reflejando el carácter internacional y multicultural de estos Juegos.
Antes y durante los Juegos Olímpicos de 1992, Barcelona convirtió el acontecimiento en una gran muestra de talento e innovación artística. La ciudad cuidó cada detalle para reflejar la creatividad de sus diseñadores, arquitectos y creadores, ya no sólo las espectaculares ceremonias de apertura y clausura, sino también en los elementos más cotidianos vinculados al evento. Todo fue concebido especialmente para la cita olímpica, dando lugar a un enorme esfuerzo colectivo que proyectó una imagen moderna y dinámica de Barcelona y despertó la admiración de millones de personas en todo el mundo. Claro ejemplo de ello son, entre otros: el prisma de salida diseñada por Ribaudi-Dalmases, el soporte de pelotas de voleibol diseñado por Javier Álvarez, el prisma de lanzamiento diseñado por Salvador Fabregat, el soporte de cinturones de judo diseñado por Jordi Roura, etc., etc.
Entre las piezas más llamativas del recorrido permanente del museo Olímpico y del Deporte Joan Antoni Samaranch destaca la colección dedicada a Cobi y Petra, las entrañables mascotas que simbolizaron los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Barcelona 1992. Estas esculturas de resina fueron creadas por el reconocido artista Javier Mariscal y fabricadas por la empresa Pilma, convirtiéndose con el tiempo en auténticos iconos de aquel acontecimiento histórico.
Antes de incorporarse a la exposición del museo, estas figuras tuvieron una destacada trayectoria. Inicialmente se exhibieron en la Galería Olímpica y posteriormente en el Edificio Olimpia, que albergó la sede del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 (COOB’92). Su presencia permite revivir el espíritu creativo y el ambiente festivo que acompañaron a unos Juegos que marcaron un antes y un después en la historia de la ciudad.
Un aspecto importante que se trata en este museo es el tema del merchandising de Barcelona’92: con la celebración de los juegos se creó un amplio programa de licencias que permitió comercializar cientos de productos oficiales, desde ropa y juguetes hasta artículos de papelería y complementos. Gracias a ello, el emblema olímpico llegó a todo tipo de objetos cotidianos, como prendas de vestir, material de papelería, juguetes, accesorios, textiles para el hogar e incluso piezas de joyería. La participación de decenas de empresas generó importantes ingresos económicos y, junto con los patrocinios, contribuyeron a financiar los Juegos y a proyectar la imagen de Barcelona en todo el mundo.
También es destacable la colección de monedas conmemorativas oficiales de los Juegos Olímpicos que fueron emitidas por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España, la encargada de fabricar tanto los billetes, como las monedas de curso legal en el país. De igual manera, junto a la colección numismática podemos ver las medallas oficiales entregadas durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Barcelona 1992 creadas por el escultor y diseñador Xavier Corberó.
Llegamos ya a la subsección dedicada a los diversos objetos pertenecientes a campeones olímpicos que participaron en los Juegos de 1992. Aquí, entre otras piezas, podemos ver los kimonos de las judocas Miriam Blasco y Almudena Muñoz, ganadora de la medalla de oro de peso ligero 52-56 kg femenino, y ganadora de la medalla de oro de peso semiligero 48-52 femenino, respectivamente. También destaca el arco y flecha del equipo español ganador de la medalla de oro en tiro con arco masculino por equipos.
Pero quizás la pieza que más emoción provoca a los visitantes sea la flecha que el 25 de julio de 1992, durante la ceremonia de inauguración de los juegos, lanzó el arquero Antonio Rebollo hacia el pebetero del estadio olímpico de Montjuic.
La sección también acoge la célebre caja de la Candidatura Olímpica, diseñada por André Ricard. Antes de que el Comité Olímpico Internacional eligiera la sede de los Juegos, las ciudades candidatas debían presentar un completo expediente en el que detallaban su proyecto y sus compromisos organizativos. Barcelona sorprendió al entregar esta documentación de una manera poco habitual: dentro de un elegante estuche de madera concebido por el diseñador André Ricard. En su interior se distribuían varios archivadores de color gris oscuro organizados en cajones, cada uno identificado con el contenido que albergaba, donde se reunía toda la información relacionada con la propuesta olímpica de Barcelona 1992. El conjunto, que se cerraba mediante una placa deslizante de latón y recordaba a un pequeño cofre, destacó por su cuidada presentación y su diseño innovador. Su originalidad causó una gran impresión entre periodistas y observadores internacionales, que pronto comenzaron a referirse a él con el popular nombre de la “Caja Mágica”.
Tras revivir el legado olímpico de Barcelona, el visitante accede al Espacio Samaranch, dedicado a la figura de Juan Antonio Samaranch. Este ámbito analiza la trayectoria del dirigente barcelonés, presidente del Comité Olímpico Internacional entre 1980 y 2001, y su influencia en la transformación del movimiento olímpico moderno. A través de más de quinientos objetos, como documentos, fotografías y objetos personales, se repasan los hitos de una figura fundamental para entender la consolidación de los Juegos Olímpicos como fenómeno global.
De hecho, Samaranch recibió varios reconocimientos internacionales, como una escultura realizada en acero y cobre que representa la figura de un arquero y fue obsequiada por la Federación China de Tiro con Arco en 1993. La obra, creada por el artista Zhu Cheng, simboliza la precisión, la concentración y los valores asociados a esta disciplina deportiva.
Juan Antonio Samaranch nació en Barcelona el 17 de julio de 1920, en el seno de una familia numerosa de seis hermanos. Tras formarse en el IESE de Barcelona, amplió sus estudios en Londres y Estados Unidos, al tiempo que comenzaba a trabajar en la empresa familiar. Durante su juventud practicó disciplinas como el boxeo, el fútbol y, especialmente, el hockey sobre patines, aunque pronto orientó su trayectoria hacia la gestión y la dirección deportiva. Su capacidad organizativa le llevó a encabezar la selección española que conquistó el Campeonato Mundial de hockey sobre patines celebrado en Barcelona en 1951, un paso destacado dentro de una carrera que culminaría con su presidencia del Comité Olímpico Español y, más tarde, del Comité Olímpico Internacional. Falleció en su ciudad natal el 21 de abril de 2010.
Pero Samaranch no solo destacó por su estrecha vinculación con el deporte, sino también por su interés por el coleccionismo. Entre todas sus colecciones, una de las más curiosas fue la dedicada a las castañas. Solía llevar una en el bolsillo, ya que su tacto le ayudaba a mantenerse tranquilo y concentrado durante los numerosos viajes y actos oficiales que formaban parte de su agenda. Esta singular costumbre se hizo conocida en todo el mundo, por lo que recibió numerosos obsequios relacionados con este fruto a lo largo de su trayectoria, como un trofeo que combina las cinco anillas olímpicas con cinco castañas, simbolizando tanto su pasión por el olimpismo como una de sus aficiones más personales.
La siguiente etapa del recorrido es el área de Dinámicas del Deporte, una de las zonas más interactivas del museo. Aquí el visitante puede experimentar algunas de las sensaciones propias de la práctica deportiva mediante simuladores y recursos tecnológicos. El objetivo es acercar al público a la realidad física y emocional de los deportistas, convirtiendo la visita en una experiencia participativa que va más allá de la mera observación de objetos históricos.
El recorrido concluye en el Espacio del Motor, dedicado al mundo de la competición automovilística y motociclista. Este ámbito exhibe vehículos históricos y piezas relacionadas con el deporte del motor, mostrando la evolución tecnológica que ha acompañado a estas disciplinas y destacando la relevancia de pilotos y fabricantes en la historia del automovilismo. Entre las más de 100 piezas, destacan: los monos de Marc Márquez, Carlos Sainz, Laia Sanz, la moto de Jordi Tarrés, el casco de Valentino Rossi, la bicicleta de Ot Pi, etc.
Antes de abandonar el museo, los visitantes pueden recorrer la sala de exposiciones temporales de ochenta metros cuadrados, donde periódicamente se presentan muestras dedicadas a acontecimientos deportivos, atletas destacados o aspectos culturales vinculados al deporte. Estas exposiciones complementan la colección permanente y permiten que el museo mantenga una programación dinámica y en constante renovación.
Para más información sobre horarios, precios, exposiciones temporales, etc., acude a la web del Museu Olímpic i de l'Esport Joan Antoni Samaranch o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros museos, monumentos y sitios de interés de la ciudad:
Copyright© 2018 ESTurismo.